Get the girl out

viernes, 4 de mayo de 2012

Entré al departamento y era un caos. Hablo de la mesa totalmente tapada de cosas, de medicamentos, de papeles, de libros, de cajas. Y en el piso ropa sucia, o limpia, o mas o menos. Creo que en un momento tropecé con algo que estuvo vivo en algún momento: ah, claro, un pedazo de pollo (?).

- No me digas nada del desorden, chango - dijo Rolland.

- Obvio que sí te voy a putear - contesté.

Había llegado al departamento de Barthes para idear hacia dónde mierda salir, y el me había avisado del estado caótico de su morada, pero les juro que...

- ¿Pensaste?

- Sí - dije-. Vamos para un lugar que se llama El Maltés. Aunque dudo que te cope la música, había buen material la última vez que fui. Que fue en verdad la primera vez en mi vida que fui ahí, o sea, que técnicamente no es la última vez, porque...

- No me jodas.

Me senté en su computadora, la cual era otro espacio caótico. No encontré cómo cambiar la música, todas las ventanas que intentaba navegar estaban previamente logueadas con usuarios de Rolland (oh, lógico que así sea, que tonto soy), y comencé por ende a responder unos mensajes vía directo con una amiga de él.

- ¿Quién es Clarixa?

- La conocí en Santa Fe. Amable chica, aunque un poco malumorada.

Me caí de la silla. No por la impresión que me generara Clarixa, sino porque ni las sillas están en estado en el departamento de Rolland. Ya charlamos con Bentham que nos tiene preocupados esta depresión de él.

II
Ya se le va a pasar, no lo presionemos. Pero hay que acompañarlo para que salga para adelante. Cuando él te dice que no quiere salir, hay que hincharle las pelotas para que salga. Pero no siempre, porque también necesita... viste... tener su espacio.

Lo que no tenemos que dejar es que se encierre. ¿Viste como está ahora? En pleno caos. Yo te juro que no sé cómo vive así. Claro, él te va a decir que no tiene tiempo, que entre la facultad y el laburo está como loco. Pero son pamplinas, vos fijate que antes no le pasaba eso. Es más, tenía menos tiempo.

Sí, sí, ya sé que al estar de novio entonces se veía obligado a mantener más orden. Pero te digo -te sugiero, te increpo a pensar, te soplo la idea- , que todo tiene un límite. Jamás había visto tan desbandada la cosa, tan abandonado todo.

Mentira, sí he visto cosas abandonadas, y peor. Como cuando murió mi madre. Guy, yo te juro, vos no viviste en una casa desolada: donde efectivamente nadie podía moverse -no había voluntad-, en la que recuerdo una vez haber encontrado al gato ese muerto, vaya a saber cuánto llevaba ahí. Y todo porque sencillamente "las cosas dejaron de hacerse".

A lo que voy es que reconozco la dejadez de la depresión, y el caos, el desorden de Rolland, es eso. Y no esa pelotudés que nos quiere vender de su nueva etapa de la vida en la que no tiene tiempo.

III
Le pregunté a esa tal Clarixa qué haría a la noche, si saldría. De una forma poco ortodoxa, la chica interpretó que la estaba invitando a salir. Mejor: interpretó que Rolland la estaba invitando a salir.

- Che, dice que viene para acá.

- Pará pará, no tengo ganas. Digamos, si hay una chance de que conozca a alguna mujer hoy, si está ella me va a sabotear.

La cara de Rolland manifestaba desagrado por la idea de que su amiga viniera para acá. No sé por qué, pero era evidente que había hecho algo mal.

- Bueno, le digo que no vamos a salir - contesté, con la idea de resolver el problema en tres segundos y ya-.

El problema fue que la chica se puso insistente, que me dijo que ahora le había dado ganas de salir, que hacía mil año que no nos veíamos (que no veía a Rolland), que se venía para casa (la casa de Rolland).

- Es cabeza dura - agregué-.

- No no, pará. Decile que estamos saliendo, que no...

Tengo la teoría de que esta chica le tiene ganas a Rolland. Veran, pues nuestro decaido amigo no terminó la frase que le sonó el teléfono y era ella. Y no logró hacerla desistir de venir. Ergo, en treinta minutos la tuvimos abajo, ejecutando reiteradas presiones al portero eléctrico, piso octavo A.

Mierda, debe haber pensado Rolland, mientras levantó tres cosas y pateó otras dos, como si el desorden quedara arreglado así.

- Che, quizás ve este quilombo y se espanta.

- Esta NO ES MI IDEA DE SALIR DE JODA - dijo con cara de cabreado en serio-.

Clarixa resultó ser una chica, digamos... con la que no es fácil dialogar, ya que emite respuestas tales como "si", "no", "no sé", y no se explaya en más detalles. Mejor aún, estaba más centrada en ver a dónde saldríamos. La mera imagen de arrastrarla a cualquier local me parecía un tanto...

- No tengo ganas de arrastrar a nadie -  me había dicho Rolland justo antes de bajar a abrirle.

A su vez, pensé que llevarla a El Maltés no era una buena idea: destruiría el karma del lugar. Y no conseguiría que Rolland, absorbido por esta Clarixa, se emancipara un poco de la idea idealista de su ex.

Le ofrecí un poco de cerveza a la muchacha. Con una de las peores caras de ojete del mundo me contestó que no tomaba ese tipo de cosas. Me quedó claro, luego de su sonrisa asquerosa, que además su proyecto era echarme de la noche.

A mi nadie me echa de la noche. De última, vos te vas de la noche, pero yo la sigo.

Además, dejar a Rolland solo con esta mujer, en medio de este quilombo, era inhumano, admito. Me sentía responsable. Imaginensé a causa de esto teníamos a Rolland internado por sobredosis de ansiolíticos. No quería pensar en eso.

Me encerré en el baño un poco, y decidí llamar al Jimmy. Este me atendió con su últimamente habitual tono de hinchado las pelotas.

IV
Bueno, lo que precisan es que esta mujer no quiera estar con ustedes. Y hay algo sencillo: para resolver un drama con mujeres, no hay nada mejor que agregar más mujeres. O sea que le dicen que van a salir con unas chicas, y ya. Porque la piba de violinista no se va a querer quedar.

Ah, y vos de paso, de sopetón, me preguntás de dónde vas a sacar a las mujeres que te van a salvar de esa mujer. ¿Yo qué sé? Suficiente que te estoy tirando la posta de cómo resolver el tema. No precisás siquiera llevar a nadie en verdad, ya con la excusa sirve. O sea, decís que van a salir con unas, si querés te mando un mensajito y decís "oh, mirá esta piba está con su amiga por acá y vamos a darle".

Bueno, en verdad, tenés un problema de orden pragmático: ella ya se fue hasta ahí. Ergo, con la sencilla excusa no la sacás.

La verdad, flojo. Escuchame, ¿para qué invitan a venir a una piba con la que no quieren salir? ¿Qué clase de amigas tiene Rolland? Ah, bueno, estás frito. Un amor. ¿Así te contestó? Escuchame, dos mas dos, cuatro. Hacé lo que te digo.

V
¿Por qué carajo ahora se le da por decir "dos mas dos, cuatro" cuando quiere fundamentar algo?

La hipótesis benthamista era plausible. La excusa de que saldríamos con unas amigas sería ideal para descartar a la chica. Dicho sea de paso, cuando terminé de hablar por teléfono y salí del baño, sentí que con la mirada esta chica me expropiaba la vida, se quedaba con el 51% de las acciones, como echándome.

Pensé que si Jimmy no me podía ayudar, aún así podía ejecutar el plan con ayuda de Gilles. Le envié un mensaje, pero más allá del asunto, decidí implementar.

- Me dijo Jimmy que está con unas chicas, que precisan compañía. Creo que es un tremendo plan, podemos salir al Shamrock, incluso podríamos evitar que este haga desmanes.

- Eh, alto plan, contestó Roland con un interés insípido. Tuve que avivarlo vía mensaje: "seguime la corriente, que esta no va a querer salir si salimos con otras".

- Oh -contestó Roland más efusivo-, acá me mando un mensaje diciendo que me quieren conocer.

Le sonrió a Clarixa, que sonrió de vuelta pero tan tan falsamente, y luego me arrojó una mirada con tanto odio que me debe haber restado al menos dos años de vida.

- Bueno, ponete lindo - le dije, apreciando que él no estaba listo y que quizás estaba tan desastroso como su departamento caótico, lleno de ropa tirada, cajas de cosas, papeles, ardillas y muchos manices.

Ese era yo quedando aún más como el ojete con esa chica, que hemos de decir que no estaba fea, pero sí que tenía una actitud que daba miedo. Y qué me importa, si total ya estoy condenado, no le voy a hacer nada, la verdad que quisiera que se vaya.

- ¿Y a dónde vamos? - dijo ella.

Gran cagadón. Gran. No se daba por aludida, la situación se estaba agravando, la cara de Roland era de cuasi llanto, escondida en una sonrisa que intentaba sobrellevar momentos de diálogo con Clarixa, mientras con algunas miradas me pedía que resolviera la situeishón.

Decidí llamar a Gilles finalmente.

VI
- Vamos che, va a ser divertido - decía Gilles -. O sea, salimos un toque y les damos una mano. A vos te gusta armar estos montajes, la llevás a ella y después nos tomamos el palo.

- Pero no es así, o sea: vos me estás pidiendo que lleve a mi chica para allá, que te la preste para hacer de farsa de que salen con minas estos, por favor.

- Dale pelotudo, tengo dos, necesito la tercera para que aparente que salimos los tres.

- Ideas de mierda tengo yo.

- Es pa lo pibe, dale.

De esa forma, Gilles convencía a Jim de que convenciera a Jackie para que acompañe al primero, y dos amigas de este, al departamento de Roland. El objetivo era simular que saldrían los tres, y de tal forma dejar arafue a Clarixa, quien renunciaría inmediatamente a salir al verse rodeada de gente que se conocía y era buena onda y no conjugaba con la tremenda cara de orto que a ella le encantaba poner.

Llegaron tarde, como a las dos de la mañana. Jaqueline refunfuñó un poco, pero la idea le terminó resultando hasta divertida, aunque las dos amigas de Gilles no le parecieron para nada adecuadas (tema de discusión).

Guy y Roland recibieron a los cinco (Jim esperaba abajo) como si se tratara de la salvación. La cara de Clarixa en ese momento era tétrica, estaba cansada, se había dado cuenta de que no obtendría lo que quería, pues para ella lo único que había hecho la situación era empeorar.

- Bueno, caímos con las chicas - se anunció Gilles.

Todo habrá durado com mucho diez minutos más, en los que las chicas hablaron más que nada con Guy, porque el salame de Rolland estaba lento. De hecho, fue Jackie la que le dio más charla, casi como si se lo quisiera levantar. Quizás este hecho, esa conversación tonta, la risita jijiji tonta de Jackie, y el pseudo toqueteo, lograran que finalmente Clarixa se decidiera a irse.

- Bueno, se hizo tarde - dijo, mientras tomaba su cartera-.

Victory. Hell yea.

Todo muy rico

jueves, 3 de mayo de 2012

A ver:

Te levantás temprano, te preparás un desayuno saludable (con cereales),,, (y fruta), mientras no mirás tu programa informativo mala onda de todas las mañanas. Te organizás con tiempo, llegás relajado al trabajo, saludás a todos amablemente, sonriente, destellante. Y dormiste cinco horas.

Te ocupás de tus mails, te ocupás de aclararle cositas a la piba de marketing, visitás a la gente de sistemas para que corrijan algo que no funka desde el miércoles pasado. Atendés el teléfono cuando te llama Highlander para decirte que por favor no lo dejes morir. Todo.

Almorzás rápido, pero light. Mientras hablás con ella, le decís cosas lindas, pensás en cómo la recibirás a la noche. Te armás la nota mental: papas, pollo, cebollas de verdeo, vino blanco, crema. Ya tenés la cena resuelta.

Le decís que es linda y que se ven a la noche. Le pedís disculpas por tartar cuatenra segundos en responderle algunos mensajes. Le ponés sonrisitas.

Llaman al teléfono, y les podés decir perfectamente "la tienen adentro no atiendo un carajo" porque estás cuasi almorzando y cuasi arreglando tu cena. Te molestan por Twitter con una salaminada que se mandaron de lugar agencia X.

Todo arreglado, a las nueve estate en casa. "¿Llevo algo?", pregunta ella que es la individua más tierna del mundo en ese preciso momento. Respondés que no hará falta, que ya tenés todo listo (¡mentira!) y pero que cualquier cosa le avisás (¡otra mentira! si falta algo andá a buscarlo, aunque te salga mil millones de dólares).

Costó tremendamente no sonar mala onda en ese momento. Mala onda atribuida a la peregilada de mails que en una de esas veías que estaban cayendo en esa maldita casilla de correos electrónicos que -maldita sea-, hubieras querido que no fuera la tuya.

Y señor, usted probablemente haya sido adquisidor de dos reuniones a las que no tiene ganas de asistir. Ocurre también que complementariamente lo llama un socio laboral, que intenta comunicarle que algo se está quemando en algún lado, y no sabe qué es.

Smoke it.

A la salida, out in the streets, te cruzás con alguien que crees que es quien es que no ves hace mucho, como se Allen Jana se hubiera cruzado con Julieta Cinadi, como si Jorge Bataille se hubiera cruzado con Susan Sontag. Así, una mirada furtiva, un "¿me habrá reconocido?".

Avenida Córdoba es grande, cabe todo el mundo ahí. Papafritología pura, che.

Dos colectivos no pararon. Dos. Cosas que podrían pasarte cualquier otro día, pero que se conjugan justo cuando precisás llegar desesperadamente a tu casa para completar las compras que no hiciste antes (sobre todo las cebollas de verdeo), y más aún, escalofriantemente, arreglaste un horario demasiado temprano para que ella venga a tu casa.

"¿Qué clase de pelotudo invita a cenar a las ocho y media de la noche?", hubiera sido tu discurso en los Martin Fierro a pelotudo de la semana. Gracias gracias, dirías, no lo hubiera logrado sin mis fans.

A los tropezones, finalmente, conseguís sin problemas los ingredientes faltantes. Todo se acomoda, ¿viste, pibito melodramático? Pensaste que conseguir todo era misión imposible, como si quisieras comprar yo que sé, plutonio para el auto de volver al futuro.

Si había un buen día para ponerte a discutir con la vecina sobre los ruidos de los sábados a las cuatro de la tarde, era ese momentito antes de entrar a tu departamento, ese exacto segundo en el que ingresás la llave y...

"Mañana hablamos señora, espero gente", respondés sonriente, con cara de .

Todo para que luego, al fin ingresado al recinto que llamás hogar, cuando tenés todo listo para preparar una exquisita cena, a eso de las 19.30 hora local, ella te comunique por mensaje de texto que al final no puede concurrir a cenar contigo, que se olvidó, oh, que tenía el cumpleaños del tío.

Eso.

Toulouse / Tu luz / Too Loose

martes, 1 de mayo de 2012

Me acuerdo que él pidió una Becks. Y yo pedí un White Russian. Recordé ese lugar: era el preferido de JB. Y de Bayton. Recuerdo que nos sentamos ahí una noche fría, fría. No pensé que fueramos a sobrevivir. Yo me había maquillado como para una cita.

Sólo nos juntábamos a escribir un poco. Pero había algo que no habíamos aclarado, evidentemente. El vino de camisa y todo. Yo mido esos códigos: si el hombre se arregla, es que hay alguna intención. Y si bien aplica a nosotras también, no tanto. Bah...

El George N Dragon (Greorgian Dragon, duh) queda en una esquina en la ciudad de Toulouse, lugar en el que yo estaba pasando el break de la facultad, visitando a mis tíos. Y por el que estaba casualmente pasando Bayton.

Era requisito del sistema que pasáramos por ese bar - su preferido, ya les dije-. Si bien a mi me gusta la cerveza, esa noche había decidido envalentonarme. Como si precisara el alcohol para perder la cabeza y animarme a eso que yo me quería animar pero no tenía la valentía de siquiera formular como correspondía.

Y él. Él estaba en cualquiera, después me enteré. Pero les juro que en ese momento no sabía.

Él me tomó la mano, me contó un poco que había conocido Gaena, que había conocido Marseille. Que tenái sentimientos encontrados hacia la ciudad, porque si bien era un cacho de historia, también el Chateau D'If (él lo pronunciaba muy cerrado: "yatódif") había servido para una sola batalla. Y le indignada que la historia fuera escrita por locos así.

Le conté sobre Salzburgo, y se indignó más aún.

Me puse nerviosa cuando le mostré en qué había estado trabajando. No sé, fue muy tonto todo. Incluso rompí una de las ojas al tratar de sacarla de la carpetita. Pensé que hubiera sido mejor traer la tablet, pero me pareció poco romántico,

Poco romántico, con Bayton. Por favor, flor de pelotuda soy.

También hay cosas que una mujer no debería permitir, como por ejemplo, que él reposara su mano en mi regazo, mientras leía atentamente junto a mi mis notas. Y sus movimientos se confundieran con una caricia, como si quisiera tocarme. Y yo cayendo como una colegiala que se sienta rarita y tiene ganas de experimentar.

Mi White Russian se había acabado cuando me di cuenta que yo me apoyaba levemente sobre su hombro, que evidentemente nadie estaba tomándose en serio esto de revisar notas. Debo decir que lo había ensayado bien, que me había enviado las canciones en mp3 a mi correo una semana antes.

Todo se había armado de forma tal que estuvieran dadas la condiciones para juntarnos a revisar música. Lo que no me dijo fue cómo le gusta hacer música a él.

II
Será que los encontré en la invernal Toulouse, pero los discos L´Absente y (Tout est calme) de Yann Tiersen me hacen adorar una jornada adentro de casa, con estufa, café y mirando al frío por la ventana. Sostengo que escucharlos en verano no es lo mismo, no tiene el mismo sabor, no los disfruto de tal forma.

Entonces hay algo de situacional, de memoria emotiva. Justo hoy agarré el libro de Merleau que conseguí de forma accidental en la feria (Lo visible y lo invisible, hasta hace poco inconseguible), y me hizo pensar en eso: la situación compleja de escuchar esos discos de Yann Tiersen en otro contexto que no es su original.

Porque Toulouse es hermosa, la caminaría sin rumbo durante una semana, tranquilamente.

La cuestión es que no me pasa con todos los discos, pero con esos dos en particular, sí. Como si requirieran su ciudad de origen. Cuando se los hice escuchar a Solange, no le parecieron nada del otro mundo. A ella le gusta no acompañarme demasiado en las cosas, siente que es demasiado comprometido.

Esa capacidad de poder vivir el invierno de Toulouse en otro lugar no me la saca nadie. Sería como un requisito del sistema: volver a pasar por ahí, como cuando era más joven. Sentarme en el George N Dragon, pedir una Becks.

III
Lo despedí en Matabiau dos días después. Nos habíamos comportado de forma extraña esos dos últimos días, casi ni nos comunicamos.

El se iba para su España. Yo me quedaba unos días más, antes de volver a la universidad. Durante esos dos días me sentí liberada, como si pasar el proceso con Jon me hubiera liberado un poco. Estaba todo bien. Habíamos estado juntos y nadie había matado a nadie, no había odios, no había líos.

Paz.

Me reconforté en esa idea. Quizás a la mañana tuve un sentimiento raro, como de extrañarlo. ¿Por qué? La verdad que no puedo explicar a Jon ni siquiera cuando se me aparece así, de forma tan efímera.

Ya cuando se había ido, caminando en dirección contraria a la estación, me di cuenta un poco por qué le gustaba esa ciudad: era sencilla. Las calles, la gente, los edificios. No era como otras ciudades, donde están refaccionando todo, donde existen los problemas de una nación. No había costa, no había grandes monumentos ni lugares reconocidos. Era sencillamente una ciudad, con su aire propio.

Esperé otros dos días para volver al George N Dragon, sola. Me pesó un poco. Me valí de un papel y un lápiz (no tenía birome) para escribir una canción. Pensé en una carta para él, pero luego lo transformé en versos, que probablemente le enviaría con dos motivos: uno, que le pusiera música. Dos, a ver si se daba cuenta que hablo de nosotros.

Vital

lunes, 23 de abril de 2012

De a poco vuelve el apetito, como si las funciones vitales fueran lentamente haciéndose notar. Como si el cuerpo pidiera permiso, casi, para comenzar a ser una vez más. Oh, es que, quizás no lo hayas notado, pero estos últimos tiempos no estuve... no estuvimos... no estuviste.


No es que no quisiera, o quisieramos, o quisieras. Creo tanto en la coincidencia como en las asincronías. El tema es que jamás había vivido una tan grande, tan despojante, tan desoladora. Me doy cuenta de que te perdí mucho antes, hace tiempo, en las antípodas...

Es tremendo renunciar a algo que ya perdiste. Porque tenés la ilusión de traerlo de vuelta, o peor, de retenerlo. Pero no se trata más que del corazón traicionándote. Mientras, lamentablemente, la razón se queda con una victoria: todos somos profetas hablando de tiempo pasado.

Ensayé al menos sesenta respuestas para vos. Siempre terminé borrándolas, tirándolas, deshaciéndolas. Porque no encuentro las palabras. Todo esto me falla. Me doy cuenta que hablo mal: digo las cosas que no importan, y borro las sesenta respuestas que quizás ameritarían ser dichas.

Es que yo no entiendo. Es que yo digo cosas, pero no, en verdad no digo nada.

Necesito de las caricias de ella, para olvidarme un poco de todo. Ella sabe su rol: es una médica. Sabe que no digo nada, sabe que no puede conocer nuestra historia. No pregunta, pero no porque no le interese, sino porque sabe que no es su lugar. La médica receta, se mete en los hábitos del paciente, pero no en la vida.

Eso. Los médicos no se meten con nuestras vidas, ellos sólo ven el cuerpo.

Cuerpo y vida, ¿no eran lo mismo? Bios, Zoé. Depende a quién se le pregunte. Mi cartesianismo me mata, te lo juro. Ella ni se da cuenta. Vos, lo conocés tal como yo: una filosofía que repudiamos pero no podemos dejar de replicar. Incrustada en la piel.

Pensé en vos el otro día. Mi vida cambió, por tu culpa. Me pregunto si a veces sos consciente de eso. Y ya sé que no me acerco ni en sueños al hombre que vos querrías que yo fuera. Soy como una foto para vos.

Creo que escribí, en alguna canción, algo así como "¿Por qué continúas haciendo oleajes en mi living?". Oleajes. No se sabe exactamente desde dónde vienen, o por qué, pero están. Y te desordenan todo.

Después, revisando, a medida volvían otros signos vitales como por ejemplo la curiosidad, las ganas de leer o recitar un poema, encontré que apareces en varias referencias de cosas que yo he escrito.

Por ejemplo: ayer me peleé con ella (otro tema, otra persona, otra "ella", pero no te voy a contar eso ahora) porque quería cambiar una letra de una canción. Y pensé por qué me molestaba tanto que quisiera hacer eso. Me di cuenta que toda esa serie de balbuceos incoherentes describen cómo yo me sentí acerca de nosotros durante cierto año de nuestras vidas algo especial, no el mejor, pero sí especial.

Y viste cómo son los signos vitales, ahora escribí esto y me parece una mierda.

Intensión / Astucia / Disonancia

miércoles, 18 de abril de 2012

I

Da. Da vueltas como una especie de trompo que no se decide a caer. ¿Y qué te importa la suerte, entonces? Como algo que tiende, pero que no llega. ¿Saben cuando se entiende en todo su espesor el concepto de merleaupontiano? Ahora les cuento.

Si las cosas se cayeran. Hay un problema no menor, y no es la fuerza de gravedad. Es la incapacidad de astucia. Porque las cosas fáciles tienen sabor a chicle usado: ya sabemos como son, ya nos aburrieron. Pero la astucia...

¿Y si te dijera que no la entiendo? A ella y a la astucia. A la primera por ser ese stereo disonante de "si" y "no" a la vez, uno por canal izquierdo, el otro por el derecho. Y a la segunda, por aparecer justo cuando bajo la guardia, cuando me relajo.

Ella es astuta y disonante.

Porque supongamos, ella es lo suficientemente astuta como para llamarme la atención, pero disonante al caer en el más pleno silencio. A y B a la vez. El gato está muerto y vivo al mismo tiempo.

Entiéndame, señorita, yo soy un ser simple: manejo sólo categorías binarias, sí o no, blanco o negro, encendido o apagado. Me he encontrado con los grises, con los "nis", con los disfuncionales. Pero con un sí y un no en paralelo, jamás.

Entonces cuando ella llega a casa la próxima vez, llega perfecta. Nada que ver con la vez anterior: sin vodka, como una perfecta aprendiz. Es distante, sin ser un freezer.

Eso es completamente disonante con su parrafada de mensaje de la noche anterior, en el que me quería. Y la semana antes: salgamos, dale. Este viernes, dale. No puedo al final, pero el domingo veámonos. Y el domingo probablemente no te conteste al final. Y bueno.

¿Ahora? No le tomo la mano por no iniciar algo en lo que no creo, por no dar pie. Que ella inicie y yo acompaño. Es un mal hábito que tengo. Me lo han cobrado en reiteradas oportunidades.

Y ella, tan protocolar esta vez, me pregunta qué opino de lo que escribió. Como si yo supiera. Sí, está bien, le contesté. Yo escribo cosas más políticas, o más sociales, o más pop. Ella escribe sobre filosofía y metafísica.

Me dijo que quería retomar una canción, pero que prefería reescribir la letra. Me miró aterrada, sabía que me estaba atacando. Pero evidentamente no podía evitarlo, vaya a saber cuánto tiempo lo llevaba guardando. "Prefiero no volver a tocar esa canción nunca antes de reescribirla", contesté lapidariamente.

Le hubieran visto la cara.

Se levantó medio rara, sacó de su mochila otra tanda de papeles. Buscó y buscó. Me dio una hoja y me dijo que le gustaba eso pero que no sabía qué hacer. ¿Cómo te lo imaginás?, le pregunté. Me aportó invaluable información con un "no sé".

Fue tras unos diez minutos de silencio que nos miramos. Y ahí estaba, la intensión. No me di cuenta, pero la miré queriéndola mucho. Fue como un lapsus. Ella me miraba, pero estaba en otra, de vez en cuando revisaba sus papeles: no buscaba nada, no leía nada.

La intensión como esa tendencia que es sólo clara en el contexto, que es indicada con el cuerpo completamente honesto. No con el explícito eh, digo con el honesto, ese que realiza los accidentes y aqueja a los torpes todo el tiempo.

Pensé en decirle algo, alguna referencia. Luego pensé en acercarme. Nada, era sólo intensión. Porque el problema es pensar: me acordé de sus sis y nos paralelos. No supe qué entender, qué leer. Me saboteé: ¿le importo? Tres carajos, concluí. Llegué a ese resultado no por análisis, sino por falta de astucia.

II
Vos pretendés las cosas fáciles, piscuí. El problema es que a vos de chico no te hicieron remarla. ¿Sabés lo que es encarar con esta jeta? Pero por favor, vos no hiciste méritos para que una mina así te de pelota.

Fijate un poco, estudiala un poco. Y si, la piba te va a decir que sí y que no varias veces. A mi me han dicho que no varias veces seguidas, te digo. Y con algunas terminé enfatado después. Así que...

Y con eso de ponerte a pensar en el momento clave, si te va a decir que sí o que no, sos un boludo. ¿Qué sabías? Es cuestión del momento. Y en el momento te juro que no tenías que pensar, tenías que hacer. Ha-cer, de la hache hasta la erre.

Te lo digo con cariño, no te lo tomés a mal eh: vos estás acostumbrado a que las cosas sean como vos pedís. No sabés lo que es ganarte a una mina, vos sabés lo que es conquistarla por accidente, no por laburo.

Por accidente, me decís. Nunca te habían definido tan bien.