El Complot
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Etiquetas: estupidos
A la deriva
I
Sometimes I bump into toughts. Today I was in the office and, suddenly, this one bumped into my head:
"Fear of losing somebody is perhaps one of the most common ways of losing somebody"
I was saying something, speaking about last night. I stopped, I thought about her, and I smiled. I was relaxed.
II
Ingresé al lugar de prepo, me habían llevado sin decirme a donde íbamos. "Jon, no hagas tantas preguntas". Manuel odia que intente averiguar a donde vamos o que vamos a hacer, él tiene la idea de que tenemos que permanecer los amigos unidos, whatever happens.
Entonces ahí estaba, vagando entre las luces y una muchedumbre que miraba el escenario. El violeta era el color del momento, mientras dos mujeres semidesnudas bailaban. En frente de ellas estaban unos cinco solteros que evidentemente dejarían de serlo pronto, uno de ellos tenía una vincha corbata.
Había mujeres solas, paradas en diferentes lugares del salón. Era como si vendieran algo, a ellas mismas. Sólo era cuestión de acercarse y murmurarles algo en el oído.
Fui a la barra y cometí el error de la noche: pedir un destornillador. Fanta con el peor vodka del mundo ligué, todo por el módico precio de once euros.
Alguien grito que quería ver coños.
Y los iban a ver, porque las chicas seguían con su show y parece que se iban a sumar dos más.
En la parte de atrás del lugar era posible hablar un poco, alejarse de toda la oferta de sexo: un patiecito lindo, abierto bajo las estrellas. Gente salía de lo que asumo sería la cocina. Yo tomaba esa asquerocidad de trago cuando me crucé con una morocha que me miró y me dijo "Hola lindo", y siguió caminando.
Manuel estaba mirando para todos lados, me imaginé que intentaba no sé, cotizarlas en su cabeza. Es deporte, me imagino. Me adelanté a lo que iba a suceder: que terminaría con una, nada linda, yendo a una habitación. Y que a la mañana siguiente llamaría a la novia para decirle si quería ir a almorzar, o ver una película en la casa.
En la barra estaban acodados unos tres tipos de saco, viejos, canosos. Recordé al hombre que siempre estaba en ahí, sentado, en el bar al que iba cuando tenía dieciocho años y una carrera por delante.
"The unknown dad's of the junkies", pensé.
La morocha me tomó del brazo, así nomás, me preguntó cómo me llamaba. Le dije "Jim", porque... pensé que no era bueno decirle mi nombre a una mujer que no conocía, ni tenía interés en conocer.
Me preguntó que tenía planeado hacer esta noche. Mi respuesta normal hubiera sido embriagarme, pero dije que debía cuidar de mi amigo, Manuel. Lo busqué con la vista.
"¿Cuidarlo de qué? Creo que en todo caso, ya te lo han birlado", dijo la morocha, señalando a Manuel apoyado contra una columna, hablando con una mujer de tacos muy altos, pelo oscuro, con mucho push up.
Me imagino que las mujeres de ahí, en cada rincón, observan a los que fueron esa noche. Algunas esperan a que pase lo que sea, pero otras van a buscar a alguno que les parezca con plata, o potable pero de billetera indecisa, y se ocupan de mostrársele o de encararlo.
Pensé si esta mujer creería que yo tenía plata, o que era potable pero de billetera indecisa.
Le dije que no me interesaba. Como si le estuviera hablando a un vendedor, "gracias, sólo estoy mirando". La morocha no dijo nada, miró medio mal y se fue. No tardó demasiado en conseguir otro tipo que le hable.
Dejé el vaso de destornillador a medio terminar en la barra, Manuel salía acompañado para la habitación del hotel, así que lo esperé en el auto los cuarenta minutos que habrá durado su trámite.
III
Me encantaría refugiarme allá, pero temo cruzarme con él. Es su lugar de exilio. En verdad, es obvio a dónde tengo que ir, pero... no tengo ganas, no aún.
El problema de algunos lugares es que como sabés que los frecuentan ciertas personas, cuando vas te paranoiqueás. Es como si el fantasma de esa persona te acechara. Y en verdad está todo en la cabeza de uno, te cruzás con esa persona en cualquier circunstancia, según la probado la suerte.
Recordé lo lindo que era cuando los lugares eran nuestros. Ni de uno ni de otro, sino nuestros. Era todo más libre. Pero desde hace ya un año y algo, hay espacios que no son, otros que fueron, otros a los que me está prohibido ir, otros que tengo que defender a capa y espada.
Los mejores lugares son esos que nadie sabe dónde están, salvo uno. Y cuando encontrás a alguien que querés mucho le mostrás ese lugar.
La geografía puede ser muy sentimental.
IV
- ¿Tanto lío para eso? - le dije a Jim.
- ¿Qué esperabas? Estás acá, te viniste persiguiendo una quimera. Estás en una isla que no es tuya, llegaste tarde. No sé dónde está.
- Bueno, eso casi no importa. ¿Dónde queda Gaena?
Jim se rió. Caminaba mirando el piso, casi en círculos. Yo lo miraba enojado, pero sin hacer nada al respecto.
- Te pensás que la vas a encontrar en Gaena - me contestó -. Te pensás que siquiera podés llegar a Gaena. Como si uno pudiera volver, como si uno pudiera hacer que las cosas y las personas retornen. Olvidate, aunque te dijera dónde queda Gaena, jamás llegarías. Ni ella debe poder llegar a Gaena ahora.
Tuve la sensación de que enunció esa imposibilidad con algo de satisfacción, somo si se tratara de una pequeña victoria suya. Lo odié.
- Ella siempre dijo que quería conocer Brujas, probablemente esté ahí - le dije.
Quería ver su expresión, provocarle algo, aunque sea una molestia. Se hacía el inmune, el que ya había pasado por todo, el maduro, el que tiene todo bajo control.
- Lo dudo. Ese es un lugar de refugio para mi, lo sabe. Te puedo asegurar que no irá a Bélgica, aunque sé que vas a ir. También te puedo decir que su plan es salir inmediatamente de Francia, si no es que ha salido ya.
Me dio bronca que tuviera razón en lo de Brujas, pues al retornar a Madrid al poco tiempo yo mismo me exilié allí.
- Y también te pensás que saliendo con cuanta muchacha conozcas te vas a liberar de ella, pero no es así. Serán relaciones como balas fallidas de venganza, pues de ninguna manera le harás nada a Jackie con eso. Son disparos que no la van a herir, afortunadamente.
- ¿Cómo es que estás tan sereno?
- La resignación se parece de a ratos a la serenidad.
- O sea que ella anda con otro tipo, y vos tranquilo... - dije con furia, intentando herirlo.
- Todo esto se inició por eso, la idea de que la otra persona está engañándote. Hay ideas que se aferran demasiado, sin más sustento que lo emocional.
Me miró y dijo:
- La peur de perdre quelqu'un est peut-être l'une des façons les plus courantes de perte de quelqu'un.
- Hey, no entiendo - le contesté.
- Creo que deberías retornar en la lancha. Llega en cinco, así que apurate.
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El caos
I
Un archivo de extensión .bat es un ejecutable de programación sencilla, su sintaxis es relativamente evidente. Resultaba muy útil en la época del DOS 6.22, para acortar la ejecución de otros archivos .exe.
En un archivo .bat uno puede incluir una referencia para que la máquina se reinicie automáticamente. Solo hacen falta unas líneas de código. Y en tal caso, uno puede incluir ese archivo .bat en el inicio de la computadora, la misma entrará en un ciclo de reinicio continuo.
Como es de predecir, este tipo de "virus rústicos" son dañinos para el hardware.
Bueno, imaginen que ese archivo se extendió a todo el laboratorio de informática durante un fin de semana largo.
II
Entró tenso, con un aire ido. Me saludó así nomás, con un beso en la mejilla. ¿Desde cuando? Lo miré con cara de odio pero de mentiritas y ni me vio. Se fue directo para el cuarto a dejar las cosas, ensimismado.
Viví por la rambla unos ocho años con mi ex, Oscar, un gallego fornido que era muy tierno pero no se caracterizaba precisamente por su capacidad de escuchar. Él trabajaba en el metro, un buen sueldo. Nunca nos faltó nada.
Yo siempre gané bien con mis clientes de kinesiología, en su mayoría gente grande, de sesenta para arriba. Un viejito muy dulde me regalaba chocolates cada vez que iba. Oscar era tan celoso que le molestaba, pero como se trataba de un hombre grande se la aguantó.
No tuvimos hijos, no porque no hayamos querido sino porque nos costaba. Oscar en particular se estrasaba mucho con el trabajo, sobre todo estos últimos tiempos. Ni hablar cuando se quedó sin trabajo, él pasó a ser parte de los parados. Ya veníamos en crisis antes, alejados, pero creo que eso fue un factor determinante.
Le dije a mi hermana que para mi, él veía afectada su hombría, en que yo tuviera trabajo - aunque menos - y él no. No podía soportar la idea.
Desde hacía casi un año que no éramos los mismos. Nunca lo confirmé, pero diría que Oscar estaba en una aventura. Yo de insegura, o lo que quieran, jamás dije nada. Ahora que lo pienso, no dije nada porque temía perderlo, perder mi vida.
Luego, cuando me separé de Oscar, me vine a Madrid. Tarde seis meses en conocer la ciudad, porque no salía demasiado. Tuve que hacer nuevos clientes, eso me hacía moverme. Pero no salía por salir a ver la ciudad. Solo iba a la casa de la gente, llevaba mi mesa de trabajo, daba los masajes o el tratamiento indicado, y me iba de vuelta para casa.
Una vez Oscar me llamó desde Barcelona, me dijo Emma, volvamos. Me largué a llorar y corté. Supe que había conseguido trabajo en un restorán de camarero, pero sinceramente no podía volver.
Conocí a Jonathan en unas "jornadas de juegos" de su empresa, en la que me habían convocado para hacer una especie de taller corporal. Yo no hablaba demasiado con nadie, y de hecho cuando mi labor terminó me quedé en la barra, con algunos de los profesores que habíamos ido. No conocía en profundidad a ninguno, a mi me habían contactado por buenas referencias.
Jon me invitó un trago que no pagó, porque eran gratis. Yo estaba ahí desde las dos de la tarde, así que me quedé escuchándolo. Cuando me di cuenta de que él se estaba fijando en mi me reí por dentro. Cómo un muchacho de unos veintipico se va a fijar en una mujer de casi cuarenta.
Me sentí bien por primera vez en bastante tiempo.
IV
El olor a transformador quemado inundaba la sala. El jefe de tecnología insultaba a la nada y a todos. Debía sentirse un inútil, pues ninguna computadora andaba y por ende el no tenía nada que hacer, ni podía hurgar en los registros, ni nada de lo que a él le gusta hacer.
Pasé por ese sector, saludé con mi cara de alegre y estúpido. Era martes y todo me daba risa.
V
La primera vez que salimos me llevó a un lugar bonito, algo romanticón, con velas en la mesas y un tipo fornido en la puerta que se ocupaba de hacerse el malo a la entrada y que todo pareciera importante.
Charlamos de todo, de la vida, le conté de Oscar. Él me contó de cómo había aprendido a hacer masajes gracias a una ex. Le dije que me llamaba la atención eso. Se rió, me preguntó que si le sorprendía que supiera dar masajes o que tuviera una ex.
Hacía meses que no salía de noche. Más, años, que no estaba con otro hombre que no hubiera sido Oscar. Hacía tanto tiempo que no tomaba vino a la luz de las velas, que no me quedaba despierta fuera de casa hasta la madrugada, que no me reía con alguien que no conocía, que no me decían que era linda.
Me costaba un poco ponerme en situación, ser la mujer atractiva de la escena, la que él pretendía. Se ve que de a momentos él intentaba acercarse y yo no se lo permitía. Pero no fue a propósito, no me di cuenta en ese entonces.
Fue cuando empecé a soltar, a dejar de aferrarme a lo que me hubiera pasado antes. Porque las cosas no iban a permanecer como estaban porque yo hiciera esfuerzos sobrehumanos, y me callara la boca si me eran infiel y si no me querían. Y hay cosas que realmente hay que aceptarlas y seguir para adelante.
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Ciclo
I
Es como un ciclo:
- ¿Vas a negar toda esa electricidad que nos pasa?
- ¿Qué electricidad? ¿De qué me hablás?
- De esto que tenemos acá, ahora. De este impulso que nos hace hervir la sangre a los dos, cuando vos me mirás y yo te miro, cuando nos esquivamos por los pasillos y vos luego me devolvés al otro día, como si nada, pero en un pequeño gesto de venganza me dejás ahí, sin siquiera saludarme.
- Estás loco.
- Loco. Más loco es el que pretende que nada sucede, el que ignora las cosas que le pasan en la narices. Esa sos vos.
- Por favor, me voy. Después hablamos cuando se te pase.
- Se me pase, como cuando te quedas frente a mi al saludarme sin casi poder hablar, mirándome con cara de tonta, elucubrando un par de vocablos inconexos. Te noto temblar, me doy cuenta.
- Vos estás con Emma. No me pongas en esta situación, creo que ya aclaramos lo que debíamos. Me parecés un pelotudo, mal tipo, ¿no tenés vergüenza?
- Es necio que no lo quieras ver. Y por más que te vayas caminando así a apresurada no vas a poder evitarlo. No podés hubir de vos misma. Ey, ¿me escuchás? Sé lo que estás sintiendo, sé que tenés esa tensión, esa corriente eléctrica que te recorre el cuerpo.
- Pelotudo...
- Alejate, seguí, paso a paso. Sé lo que sentís, nos pasa a los dos.
- ¡Adiós!
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La ciencia (III)
(Probablemente se note que los puntos I, II y III fueron escritos un día y los IV y V otro.)
I
¿Sabés qué? Seguro me vas a decir que sigo en la misma, retorciéndome y dándole vueltas a un asunto que es al pedo... pero todo con lo que se puede ser preciso, son banalidades. Es decir, los centímetros, las horas, los kilogramos, el potasio, los protones, las moléculas, la ley de gravedad. Todo eso, en sí mismo, me importa poco.
La rigurosidad no llega a las cosas importantes. La ciencia nos da herramientas, nos da una forma de desmembrar las cosas. Pero la felicidad, o la depresión, o el sentimiento de paternidad, o ese instante de tu vida que tuviste olvidado durante casi diez años, son todas cosas que no pueden medirse.
Nomenclar es un mal hábito que extendiste a todo. ¿Pensás que porque puedas enunciar unidades discretas de la realidad te vas a poder proteger de lo que duele?
Celebrás las ecuaciones pero no te das cuenta de que son dibujos sobre cosas que importan menos que por ejemplo, no sé, cómo perseguías con el karting al pobre perro de tu abuela, cuando tenías cinco años. Las ecuaciones dejan de ser "sólo un esquema" cuando te regís por ellas, cuando celebrás tu futurología aplicada como si fuera en serio.
A veces me pregunto cuán cínico podés ser. Porque creo que sabés perfectamente de lo que te estoy hablando, te he escuchado pregonar las hipótesis contrarias a tus ecuaciones. Te das cuenta de que, en caso de ser un racionalista en rehabilitación, estás teniendo una gran decaída, ¿no?
II
The word "crush", according to the Oxford English Dictionary, is a "strong and unreasoning but transitory attachment".
III
Mi profesora de biología de tercer año dijo, en un comentario al pasar, que según un estudio científico, el amor estaba basado en la química. Los lazos, la atracción, cómo las personas formaban pareja, era determinado por los olores, por reacciones químicas en el cuerpo.
Años después ya sabemos la historia de lo importante que es el olfato cuando uno conoce a alguien. El olor que tenga una persona tiene un determinado peso en si nos atrae o no. Pero hay todo un resto de cosas que también ocurren, como puede ser afinidades de gustos y capacidad de llamar la atención. El estilo también, digamos. Me gustaría agregar con mucho énfasis la cuestión del cuerpo: gestos, tonos de voz, proxémica.
Pero el tema científico que se siempre intenta reducir los problemas: no pueden explicar el amor como un efecto de la química, pero les encantaría poder hacerlo. Por la química o cualquier otra cosa que se pudiera describir utilizando categorías claras y precisas, con elementos discretos, relaciones descriptibles y comprobables.
El problema es la reducción del problema.
IV
El transcurso del cáncer es sin duda cruel, pues es una muerte lenta y en el peor de los casos, el que la padece es plenamente consciente de lo que le está pasando. Todo tema de conversación parece banal. Por más que uno esté acompañando todo el tiempo que le sea posible, aún así, todo pierde sentido y a la vez tiene todo el sentido del mundo.
Ocurre una situación extraña: pareciera que todos quisieran exprimir el tiempo al máximo, compartirlo todo lo que sea posible, recapitular los episodios anteriores de temporadas anteriores de la vida, de los almuerzos familiares y los veranos de pileta en la calle Libertad.
Me imagino que cuando te dicen que te vas a morir, o te das cuenta de que te vas a morir, es cuando empezás a tomarte el tiempo para las cosas, para saborearlas. Solía tener esa discusión con mi padre, que me decía que me deje de viajar y siente cabeza.
Es curioso, pero habiendo transitado caminos tan distintos él y yo, siento que estamos en situaciones muy similares hoy por hoy.
Y si te preguntás cuánto vale todo esto. Bueno, vale cada uno de los minutos que tengas.
V
La medicina aborda muy bien el objeto cuerpo. Es posible en tal caso, aplicar el hermoso ciclo lógico conocido como "causa - efecto". El cuerpo, objeto de la anatomía. La medicina lo complementa con los principios de la física y de la química, y es así como se ha extendido la media de vida del ser humano.
Pero en lo que es el aparato psíquico y las emociones, la medicina siempre ha tenido pretensiones y sigue tan impedida como siempre. Es como la hipótesis de Bentham de las ecuaciones: reduce elementos, aísla fragmentos, y si bien los resultados de las sumatorias o restas parece previsible, en el final suele fallar.
Los principios del cuerpo máquina aparecen inteligibles, pero de qué sirve manejar en la superficie de un "aparato" que es bastante más complejo y profundo.
Y no hay que olvidar que hay cosas que, más allá de si sean explicables o no, será mejor jamás conocer.
VI
Me gustaba cuando antes, en los primeros episodios con Allen, al inicio de los posts listaba los personajes que iba a utilizar. Eso le daba un aire de organización al texto. Me imagino que funcionaba para mi como una especie de panorámica en la que me proponía armar algo.
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