Esa sensación acuática

lunes, 6 de agosto de 2007

Personajes:
- July
- Allen
- Iván


I
Corrí y corrí, como jamás lo hice en mi vida, más de lo que hubiera corrido si MI vida dependiera de esto. Ella estaba inconciente, en mis brazos, no reaccionaba, tenía el pulso ido, las emociones se le habían disuelto en pleno corazón, y mientras yo la llevaba en brazos, corriendo a más no poder.

Chapoteaba cada charco de la vereda, sorteaba ese desierto de la capital en plena tragua de domingo a la mañana, que no llegaban a comprender que había alguien que estaba por irse, que había otro corría para evitar el vuelo, que a veces la infelicidad es demasiada, lo inunda todo, y entonces empezamos a correr como locos...

Decir que July es chiquita. Su pelo flameaba a una velocidad que me recordaba a la FM. El ruido de la calle era sordo, mi psique lo había anulado, no me interesaba nada más en el mundo que llegar al hospital, buscar a alguno de esos tipos de bata blanca que se creen que todo lo saben, y que arregle esto, que no sé cómo se arregla.

Chapoteos, mis pies mojados, me olvidé la campera, hacía un frío inhumnado, pero mi cuerpo ya no sentía. O mejor dicho, sólo podía sentir una cosa, únicamente cumplía la función de salvataje, de inmersión en esa urgencia que rompía el viento, que esquivaba esa paz tan falsa de la urbe. En otro día, en otro horario, hubiera tenido que sobrevivir a sancazos entre los autos, hubiera recibido insultos por la impericia y quizás por tal intento de rescate. Hubiera tenido que hacer volteretas entre los cuerpos dóciles del invierno de Buenos Aires. Y todo por haberla conocido a ella.



II
- Vos decime, - le decía Iván a July - ¿siempre tuviste ese brillo en los ojos, o con el tiempo aprendiste a que hagan juego con las luces?

- Creo que aprendí con el tiempo - se sonrió, con un pie que simulaba el ritmo de la música -. Es sólo cuestión de mirar a las luces, insinuarles que yo también brillo, que somos las dos una sola, y listo: Miro a mi alrrededor y soy July, ojos de estrella.

- Definitivamente.

Iván tomó por la cintura a July, causandole un terremoto que se sintió desde su cabeza hasta esa parte que estaba con Allen. Sobre todo en esa parte de ella que residía en Allen.

(No creo que sea esto lo que tenía planeado, no creo que Iván sea una opción del destino, sino una jugarreta. Probablemente, pero por otro lado el terremoto ya pasó, hemos tenido una receptividad muy linda. Somos plena sensación de primavera en un invierno hostil y renegado.)

- ... porque te pregunté hace un rato, y me dijiste que no tomabas cerveza.

(La lata en la mano me delató. Allen hubiera puesto el grito en el cielo si me hubiera visto con esa cerveza en la mano. Quizás hubiera omitido a Iván, pero el hecho de tomar una cerveza "común", en vez de una Haini, le hubiera hecho saltar la térmica. Duele eso, y sólo puedo matarlo con cerveza "común" y asaltos comando desde las estrellas a la pista de baile.)

- A veces tomo. Lo que pasa es que me gusta la Heineken, y no tienen. Y me costó decidirme, pero vengo ya tomando de otro lado, y no quiero mezclar. Peor es nada.

- Nunca conocí a una chica que sea tan selectiva con eso.

- Je. Me lo pegó un tipo de la radio, de la FM. Aprendí bastante, y bueno, sin querer fui refinando el chop. Cosa que como verás ahora no vale.

Iván extendió un paquete de Philip a July. July tenía los suyos, pero aceptó, a ver si empezamos a transmitir no so tros en FM y nos olvidamos del anterior locutor che.

- Me cabe el lugar, sobre todo esa luz que cuando giras la cabeza así, se forma la figura del camello. Y estamos encerrados acá, y en verdad nos movemos y nadie entiende nada, y es así como en unas horas somos resaca y aspirinas.

- Si, igual, estoy tranca yo hoy, prefiero evitar las aspirinas y las corridas al baño. Ya el finde pasado fue mortal.

- Me imagino, alta jarana. Pero si buscas tranquilidad, cometiste dos errores, porque viniste aquí.

- Ajá... No, no siento que haya cometido ese error. ¿Cuál es el segundo?

- Yo no soy un tipo tranquilo, y estás acá, hablando conmigo.

(Creo que cualquier otra mina lo hubiera dejado hablando sólo en ese momento, pero me quedé. Me atemorizó semejante frontazo, semejante jugada, riesgosa, tan... no estoy acostumbrada, y me parece digno de alguien que SI arriesga, que sí intenta desbordar por otro lado, inventar sobre la nada, hacer flotar el piso, ir de frente al trampolín, y a ver si nos corrieron la pileta de lugar. Y su brazo me toma, y yo no le dije que no, pero debería, pero no me sale.)

- ¿A qué me dijiste que te dedicabas? ¿Coleccionas conquistas estelares, o simplemente destellas entre la multitud hasta que un astronauta lo suficientemente valiente para resistir las radiaciones, se acerca y saluda en pleno sueño?
- Soy asistente contable, si esa es tu pregunta. Y si, además me dedico a iluminar la habitación con eso que sólo yo tengo y que me lo pienso quedar. No es cuestión de regalar mi vivadez a todo el mundo, vio.

Iván era tan sobervio como Allen, pero hacía verdadera gala de su seguridad, de su firmeza. Era un tipo que sabía lo que quería, que buscaba más siempre, que sabía que podía lo que podía dar y darse a cada instante. No explotaba las sutilezas como Allen, explotaba lo explícito, las directas, los juegos en plena cancha, los exhibicionismos puros, los fuegos artificiales más brillantes y ruidosos que los del vecino.

Es algo nuevo, me digo. Una debe probar en esta vida, debe ir. Y no entiendo porque tiemblo tanto. Ni tampoco esa tristeza que de a momentos me doy cuenta me desborda. Allen me dijo que la tristeza es como agua, se siente como una inundación.

La sensación de las depresiones es acuática - decía un Allen imaginario, hablándole al oido.

(Creo que en ese momento impactó. ¡Colisión! Terremoto, que tiembla desde mis pies, que entró nomás, que hizo estragos, que se está cayendo todo, que ¿por qué se mueve todo? De repente tengo miedo, tengo pánico, quiero salir del lugar, quiero irme de acá, respirar profundo, dejar de existir, desintegrarme entre los cuerpos que bailotean al ritmo de la nada, de la resaca y la aspirina a futuro. De repente estoy yo en FM, y no me gusta ni cuartos).

July se alejó de Iván, que la miró en claro gesto de desilusión, pero no perdió más de dos segundos en encontrar otra estrella, en otro punto de la pista, mientras July veía las paredes caerse, que el suelo se movía y comenzaba un incendio. Admitió recién, en pleno desborde, que le faltaba otra persona.



III
Allen. Allen - Le decía July al portero eléctrico -. Allen, ¿estás?

July estaba atolondrada, se mareaba, daba vueltas todo. Era la madrugada del domingo, ella se había escapado, había fugado, a pesar de que le había prometido a Alicia que esta vez se quedaba toda la noche, que no le importaba nada. Y resulta que si importa, pelotuda, que si me importa todo. El portero eléctrico no decía nada.

Tomó su celular, y mandó el mensaje "Dónde estás? Jules".

Se sentó en la escalerita y empezó a hacer respiración como le habían dicho en la Cruz Roja, como lo había visto en todos los partos televisados. Le dolía el pecho, de las emociones fuertes, de los alaridos a la salida, de la caída. Ella caía en que iba a estar todo bien, en que su paranoía era un efecto temporal, que en un rato estaría bien. Sabía que temblaba, pero se le iba a pasar, pero el momento... había que sobrellevar el momento. Lo que realmente le asustaba, la tenía sin consuelo, era el hecho de que ella tenía que autovalerse, que hacerse respiración boca a boca, completamente sola. Y cuando legara Allen... Cuando llegara Allen, no sabía. Era una bomba de tiempo, sabía que tenía que hallarlo, que decirle algo. ¿Pero qué le iba a decir, qué iba a confesar, cuál era su crimen? Pero ella se hallaba culpable, tremendamente culpable, se deshacía en ese escaloncito, tratando de huir de la existencia, de esa situación que ella había creado también.

- Allen no sé dónde estás, pero por favor, vení...

Lloraba, lloraba a esta altura, miraba el amanecer y simplemente le parecía que se seguía cayendo todo. Quería gritar, pero temía despertar a alguien, temía salir en las noticias, temía enloquecer por ese sólo hecho de haber roto las reglas, de haber conocido a Iván, de haberlo comparado con Allen.



IV
Allen la abrazaba, sin comprender qué le ocurría. En cuanto el bajó del auto, ella se le tiró encima, lo abrazó, llorando. July llevaba casi una hora y media sentada, caminando de lado a lado, deshecha completamente, cuando el Gol se aproximó, estacionó, y llegaron los calmantes. Allen no comprendía. Algo la angustiaba tenebrosamente, pero esto era un baldaso en pleno domingo, una madrugada de un día que parecía iba a ser una joyita.

Allen había llegado de juntarse con Orlando, Bob y sus demás secuaces. No habían ocurrido más desmanes que el robo de un cartel de una famosa cerveza, que se encontraba dentro del auto. Allen se había mantenido despierto a base de Cervezas varias - como a él le gusta - y luego unos destornilladores bastante buenos. Odiaba los destornilladores hechos con vodka mediocre e imitación de jugo Tang.

July miró a Allen, no podía soltarlo. Todo se caía, se caía en serio. July quería decirle que lo sentía, que ella no quería, que tenían que hablar, que no entendía todo lo ocurrido desde la noche anterior hasta la caída en sus brazos de recién. Estaba aterrada de que Allen no entendiera, de que Allen se extinguiera, se fugara. Sobre todo de eso, de la fuga. Ella sabía de la famosa tendencia de Allen a la desintegración, de ese caracter fantasmagórico del locutor.

- ... ¿Y vos con quién estuviste, eh? - farfullaba entre el llanto.

Allen iba armando en su cabeza el complot. Algo se había roto, y el trataba de teorizar qué había sido y cómo. Sus teorías era mucho peores de lo que en realidad había pasado. Su imaginación lo hacía todo tremendo, hacía a la pequeñas catástrofes cotidianas parecer simples chascarrillos.

Ella se alejó, caminó unos pasos para atrás, tambaleando.

- Allen, yo te juro que te...

Se caía todo. El cielo, los edificios de Billigurst, los árboles, Allen, ya no reconocía dónde estaba el piso. Era borroso, formas pomposas que la rodeaban. Cayó inconciente, Allen la salvó tremendo porrazo. Ahora ella estaba devuelta en sus brazos, pero agachado.

.. Y entonces intenté reanimarla. No entendía, pobre, tanto stress. Yo no hice nada July, creeme. Sabés que nada intenté, pero vos, evidentemente vos te has ido para el otro lado, o algo. Ni quiero enterarme de qué pasó. Qué pálida que estás, necesito sal, necesito que al menos abras los ojos. Necesito saber que estás bien, necesito encontrar tu pulso. Necesito recorrerte hasta encontrar que estás bien, que sólo te tenés que acostar un rato, que mañana verás qué hacés, qué hiciste. Yo no quiero enterarme de nada que sé que me va a doler, pero quiero que estés bien. July, ¿dónde estás? ¿Pulso? ¿July?



V
Correr, patear la puerta del hospital, sin emitir un grito ni pedido de auxilio. Frío, inmutable y a la vez totalmente fuera de mi. Simplemente debía hallar al de la bata blanca, decirle que la tiene que revivir, que no sé qué le pasó. Esquivar al de la silla de ruedas, al quemado y al quebrado. Saltar sobre la nena que juega con la Barbie, dar una voltereta para eludir al anestesista que debe estar corriendo por un motivo similar al mío. Ir con la de recepción, que maldita imbécil, necesitas que me acerque con ella en brazos para entender que tengo una emergencia, que me viste entrar pero hasta que me tuviste enfrente no hiciste nada, no levantaste el tuvo, no llamaste a nadie, no existis más que el potus que está en el escritorio, no pasate por más cosas que yo, y esto lo demuestra.

July no respondía. No miraba, pero sus ojos cerrados tenían una capacidad penetrante inédita. Su boca semi abierta era un claro indicio de que había que preocuparse. La escuchaba pensar, o soñar: "Allen, basta. Quedate pero basta". Allen era... él creía que ya era una circunstancia en July, un accidente que se había ido de mambo.

Y realmente, decime July, ¿me recordarás mañana? ¿Te acordás cuando viajabas en mis brazos, tan rápido que hasta yo estaba asombrado? Eramos la onda de FM que tanto temiste la otra vez. Seguro que mis piernas pronto me pasarán la factura. Y yo sin dormir encima. Jules, te ves tan linda ahí en la camilla, te acompaño. Doctor, yo la encontré así. Si le trato de explicar lo que le pasó, probablemente me tenga que remontar a ocho meses atrás. No es el momento. July, no entiendo que es esto. Vos sos la que está en la camilla, tirada. ¿Soy yo en realidad? ¿Me caí? Somos los dos que estamos, que entramos a la habitación del hospital, que nos encontramos nuevamente en este aprieto que decidimos no darle nombre, pero que irrefutablemente tiene nuestras iniciales. Nos llevamos de la mano el uno al otro, estamos separados pero seguimos agarrados el uno del otro, en pleno circo, en pleno jeringazo, en pleno respirador, en plena emergencia, en plena corrida hasta el hospital. Somos vos y yo que nos agarramos de la mano, que nos aferramos a eso que somos pero no sabemos que somos, a esa idea utopista de que podemos ser uno los dos, de que está bien que nos hayamos conocido. El médico te lleva a otro lado ahora, corren las rueditas de la camilla. Y este chau que te estoy diciendo duele, al punto de que me agacho en el hall del hospital, cierro los ojos, y cómo duele mierda...

Fue entonces que empecé a nadar en esa emoción nuevamente...

Debate entre las estrellas y las estructuras

viernes, 3 de agosto de 2007

Personajes:
- Luna

- Allen


L) El tema es que tenés que hacerte un poco más cargo de lo que sentís, Allen. No puede ser que cada vez que la tenés que enfrentar, te evadas te escabullas entre TUS "por qué nada es como en realidad quisiera que sea". ¿Y sabés qué es lo más ridículo? Que yo sostengo, aunque no la conozco, que ella debe estar tan atemorizada de vos como vos de ella. Pero es un temor a esa exploración de ustedes mismos, de esa ecuación que pueden ser ambos.

A) Te entiendo, y creo que tenés razón. Creo que tengo un problema con esa letra específica del abecedario. Porque, viste, mis problemas siempre empiezan con esa letra.

L) ¿Ya me sistematizaste tus problemas en una letra? ¿Ya te ocupaste de darle un casillero en una grilla en vez de tomar cartas en el asunto? ¡No tenés que hacer la grillita! La grilla es lo que tenés que evitar, lo que termina matándote.

A) Ok, pero asumamos que no todo está perdido, Luna. Que en realidad hay un mañana y no heché todo a perder. Yo te explico el por qué de mis movimientos toscos, ese freno de mano forzado y esa reconceptualización de las unanimidades en plena ruptura: Creo, necesita ella el tiempo para digerir que yo soy yo, y que ella es ella, y que en una de esas dejamos de serlo.

L) ¿Vos decís que ella prefiere la lentitud? No sé, lo he visto antes en vos. Es tu modus operandi. Buscar la excusa para no haber hecho lo que cualquier otro hubiera hecho. Y fijate que siempre terminamos teniendo la misma conversación. Hay un punto, según cuenta nuestra experiencia, que nos remitimos a ese pasado que decidiste sepultar irrefutablemente (y tenemos nuestras diferencias sobre esto también). Allen, pensá un poco en que la verdadera creación es no sólo colocar la dinamita, sino detonarla. Para otras cosas no tenés problema: haces despelote en el laburo, rompes propiedad pribada varia, te infiltrás en casa ajenas para plantar ilusiones subalternas y te convertis en esa bomba de tiempo que muchas veces no apruebo, pero nadie, (¡salvo la sepultada!) pueden detener.

A) Hmmm... Digo, si. En en algunos puntos de mi ser estoy empezando a coincidir contigo mi queridísima Luna. Como si nuestros cuerpos encontraran la alineación cardinal en ciertos aspectos, como si nos pudieramos calcar el uno al otro hasta ese determinado punto en que empieza Luna y por otro lado distinto empieza Allen.

L) Creo que te tenés que hacer cargo de que algo no anda bien, y sólo cuando hagas algo al respecto ese algo va a pasar a estar mejor. No es una cuestión de garantías, porque ya sabés que ni la constitución te las otorga.

A) Lo que dice Allen fríamente es esto: Si la vida es un océano, los sueños nunca entran al menos que tomes riesgos adentro del mar.

L) Allen Allen. Esa metáfora la tenés perfecta, la entendés. Pero tengo que llegar a la conclusión de que no entendiste nada porque no la acatás. Esto se trata de TEORIA Y PRÁCTICA. No son dos partes separadas. Eso lo sabés, mi querido Pontiano, te lo dijo Mauricio, que no es Macri.

A) Si. Digo, y ahora me agarra esto del síndrome del demasiado tarde. De no haber al menos intentado esa pirueta en el aire, de caerle de sorpresa entre sus sentimientos, de convertirme en onda de FM también para esas cosas. Soy siempre demasiado prudente cuando lo que está en juego es la revolución a niveles estratégicos que antes supe alcanzar.

L) Si. Claro, vos sabés. Es lo que te digo. Eso de transmitir en FM en la autopista y no transmitir en FM con la persona que te gusta denota un dislate existencial tuyo, es un síntoma y yo creo que tenés que cambiar el dial, bajar un cambio y hacer un nuevo aproach, decidido a alcanzar tu objetivo.

A) Pero, Luna, la onda FM es demasiado creo.

L) Es cierto. Pero no te voy a dejar pasar esto de que en realidad, además de que en una de esas estás en lo cierto, esto es una excusa para no haber iniciado la estratégia pertinente para que la ecuación fuera exponencial antes que un logatirmo malogrado, que ya debería haber quedado en el olvido, para ver si realmente nos cambiamos el nombre, somos menos Allen y más Allen a la vez.

A) Si. Creo, en realidad, no se enojó. Supongamos, en el no tan peor de los casos, habrá quedado esperando un rato. Me imagino, digo, nos tenemos que seguir encontrando, seguimos siendo ella y yo en algún punto, y ante la primera omisión de uno de nosotros, el otro se dará cuenta. En silencio quizás, pero se dará cuenta.

L) No dejés que la vida te pase de largo...

La dinamita

miércoles, 1 de agosto de 2007

Personajes:

- July
- Allen
- Orlando
- Pájaro


I
Desde el árbol me mira chiquitín, a pico abierto, quizás buscando a su compañera, o invirtiendo un poco los roles de un zoológico. Digo, porque ahora nos mira el pájaro desde arriba, nos analiza con una precisión digna de un animalito cartesiano. Mientras Allen apoya la cabeza sobre mi panza (le encanta), un payaso hace su show para que el público se ría de sí mismo, y hace cuánto que no salíamos a revolver nuestro pasado de plazas, Allen.

El pájaro ni vuela. Está re entretenido, a diez metros de altura, intentando comprender por qué nos vinimos desde casa hasta acá sólo a tirarnos al sol, sólo a irnos un rato. ¿Y a usté le parece que tengamos que escaparnos, para luego volver a las celdas? Porque, querido señor pájaro, nuestra situación es exactamente inversa: usted nos mira libres, pero en un rato volvemos a nuestras celdas-casas-oficinas (o como quiera llamarles) y no nos ve. Su zoológico es mucho más bonito que el nuestro, señor pájaro. Es un placer que nos mire, que nos considere dignos de atención a nosotros dos.

Usted sabrá, señor pájaro, que al contrario de ustedes los animalitos, nosotros volvemos a nuestras jaulas por una especie de engendro interno que nos han inculcado, que nos obliga, que nos inyectaron desde chiquitos. Armamos toda esta parafernalia sólo para evitar poner a la mayoría entre rejas.

- Me gusta el pájaro, es muy inteligente.

- Debe ser brillante, digo, quedarse ahí, obtener este reality sin poner un mango - dijo Allen-. Vos pensá que mañana volvemos a nuestro flajelo de los lunes (sostengo que deberían prohibir los lunes), y para el pájaro nada. Está ahí, siendo, y no le preocupa el presentismo, las grillas de saldos, si el café de la ofi apesta o si los babosos de los compañeros le miran las piernas a la chica de uno...

July miró de reojo a Allen. Él tenía esas cosas, de imaginarse complots mundiales en los que sus seres más queridos, hermanos, amigos, vecinos, mascotas, el Papa, compañeros del trabajo, el chofer del 140 y hasta la nena tomando helado en aquel banquito podían estar participando. Le dolía tremendamente que él desconfiara así de ella, pero se había acostrumbrado con el tiempo, había reconocido la personalidad paranóica de Allen, que no lo hacía a propósito. Él ya le advirtió en su momento - fue la quinta frase que le habrá dicho cuando se conocieron - : "mi desconfianza es signo de mi imbecilidad".

Allen estaba en plena maniobra acrobática de darse vuelta para dejar de mirar al inteligente plumífero, toparse con los ojos de July, trepar hasta ellos y besarla, hundirse en ella un rato porque tanto tiempo con él solo lo estaba asfixiando. "¿Debo darte aire?", pensó - sintió - July.

Y ya llegaste trepando, estamos haciendo pinpón con un chocolate que te escondiste y me lo pasaste a mi boca sin usar las manos. ¡Que enchastre! Con vos me olvido del mundo, porque en realidad son todas ilusiones ópticas y vos sos tan real que...

II

Bueno, pero te advierto que quizás no sea lo que vos pensás que soy. Claro claro. Vos sos de esos que sostiene que por el solo hecho de ser mujer nos levantamos a todo el mundo, que tenemos a toda la platea masculina rendida a nuestros pies, y que de guachas que somos nomás les hacemos lamer el barro. Bueno, que las hay las hay, pero no soy una de esas. ¿Vos no venís a bailar seguido, verdad?

Me llamó la atención cómo te sonreís, como te reís. Lo mirás a tu amigote Orlando, que le tira tiros a todo ser con pechos en el boliche, te quejás de la Isenbeck y ahí fue cuando me contaste de eso de que las mejores cervezas...

- ... vienen de dos lugares en el mundo - le decía Allen a su nueva amiga Julieta-: Holanda y Bélgica.

- ¿Alemania? No me dejes afuera a Alemania, que tu sonrisa aún no has logrado convencerme de las quimeras que seguro sos capaz de decir.

- Te lo digo, en serio, he investigado el asunto intensivamente. Y sinceramente no puedo creer cómo estoy tomando esta porquería - agita la latita de Isenbeck-. Pero son estos - señalo a Felipe + Orlando + Lisa + Rolo + etc... - que no saben lo que es una buena cerveza. La cerveza en serio viene del cereal. Nada que venga del cereal es malo. No engorda, no tiene colesterol, evita los excesos de realidad y sabe perfecta con una tabla de quesos.

- ¿El colesterol no existe? Jajaja.... pará, tenés teorías raras vos... Que a vos no te haga nada no significa que no exista. ¿Y qué me decis de toda esa gente que tiene problemas en las arterias, problemas de co les te rol?

- La cuestión es que si crees en el colesterol, es como que te agarra - respondió ese Allen, desparramando una sinceridad tan inverosímil como célebre de él-. Si vos crees en el colesterol, estás frita... ja. Mis amigos gordos creen en el colesterol, y bueh... viste.

- Quizás debería aplicar esa lógica.

- Y veo que ya estás incluyendo en la ficción que es tu vida a la señorita - apareció Orlando, desde atrás de Allen-. Cuidamela, que esta chica es macanuda eh. Y vos, ojo con lo que haces con este montajista, que lo necesitamos para seguir recolectando anécdotas para contar cuando seamos viejos.

- No creo que me necesiten para eso - contestó Allen, mientras July retenía una risita que pronto serían labios unidos-. Pero claro, a vos te gusta venir a hincharme las pelotas nomás, una vez que me distraigo de mis trabajos antropológicos en la discoteca de turno...

- Dejá la academia y divertite, mirá lo que encontraste nene - replicó Orlando, al sambullirse en una troupe de muchachas claramente ebrias, que llevaban el ritmo de nada de lo que sonaba ahí y sostenían un balde de clericó casi nuevo pseudo adulterado con...

III
Si bueno. Ok, me extraña que estemos hablando hace una hora y vos nada. Digo, ¿hay algo mal conmigo? Ustedes suelen demostrar sus intensiones de invadir la boca a los 30 segundos. Pero vos, te estas tomando tu tiempo. Y hace rato que te di luz verde de que la verdad que vos también me pareces de los ojitos más dulces del area.

Si, dale. Vos apoyate en la pared, mano estratégicamente ubicada. La verdad es que me entretenés. Hacía tiempo que nadie me divertía así, que nadie me escuchaba sin pretender algo así mecánicamente de mí. Me gusta tu capacidad dialógica Allen. Suguro qua la perdés de a ratos, pero me gusta igual.

- ¿Y si al fin nos decidimos por franquear la barrera imaginaria de los 30cm? - reía Orlando desde la distancia.

Salamín, pensó Orlando.

Que pibe tonto, compartió consigo misma July.

No te agradecí la Sprite, ni el volverme a encontrar en esta multitud de almas en pleno estado de mecanicismo puro y sobresaliente, cielo estrellado por el humo y las lágrimas de las luces. Sos medio lentín me parece, pero lograste convencerme de que no la puedo pasar mejor con ninguna otra persona del lugar. Las chicas me van a cargar al otro día, que me borré, que no sé qué, que algo te puso en la bebida. Y nada, sigo pensando que me tengo que quedar, y que por favor hacé algo. Eso, porque no pienso moverme yo, no piendo buscarte así, como con este brazo que te toma por la cintura porque ahora te estoy hablando de mis clases de tango de cuando tenía diez años. Y sos tan dulce que ni acercaste la boca...

Empezamos a bailar algo, los dos juntos, los cuerpos tomados uno del otro, inventando pasos de baile... Allen, hola, ¿que tal? Descubrí que no importa lo estúpido del baile, sino que importa lo lindo que es el bailarín.

(Fue un remate, un momento donde mi racionalidad se desintegró y se disolvieron las fronteras entre ella y yo. No era el alcohol, ni la elección del Papa antes de entrar, ni la revisión técnica frente al espejo en el baño. No sé qué fue, simplemente me proyecté a mi mismo en sus labios, me encontré habitándolos derepente, siguiendo la historia desde el principio, pidiendo a gritos el beso, la caricia, el intento, el salto desde la platea a la cancha, la inversión de los papeles, la revolución industrial y el descubrimiento de la dinamita.)

- Descubrí la dinamita - dijo Allen al tomar 2 cm de distancia de July.

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IV

- Y el lunes el pájaro se queda libre, y nosotros al trabajo...

- Maldita sea, otra vez no.

Chapoteos en el Océano Atlántico

martes, 31 de julio de 2007

Personajes:
- Julio
- Luna

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2) Nada. Nada... Nada y no tengo ganas y viste cómo es esto. (¿De qué no tenés ganas?) De nada. Digo que Julio en una de esas está compartiendo una cerveza con sus compas, (¿estará en Frankfurt?) delirando a un momento, riéndosele en la cara al tiempo para entonces guardarse ese destello que le sale de los ojitos en un recuerdo que después...

1) ... me voy sentir un idiota por extrañarla tanto a ella, porque todavía la recuerdo caminando, recorriendo Europa, recorriendo mi mundo, haciéndolo suyo, recorriendo mi casa, recorriendome a mí con una fuerza y una dulzura sólo dignas constelaciones emocionales tan particulares.
Tus palabras me resultan tajantes, aunque las digas en una sinfonía...

2) ... Ameliense. Sería ameliense volver a jugar entre las sábanas de los martesmiércolesjueves. ¿Sabés cuánto extraño todas esas cosas, tus mañas frente a la compu, las filosofías edonistas de gente que en realidad pretende ser feliz de otra manera de lo que generalmente se entiende por ser feliz? Porque de vos me gusta eso de querer girar sobre vos mismo, saber que sos la marca de todas tus capacidades que son a la vez tus obstáculos y que no sabes cómo haría las piruetas más tergiversadas en mis telas sólo para ver si te hago las cosquillas en la panza que vos me hacías a mí.

1) Te extraño. Y send. Te extraño, envié el mensaje. Te extraño, y ahora odio el aeropuerto. Te extraño y odio el Océano Atlántico, querida Luna, ¡lo odio! ¿Por qué tenía que ser ese océano el que nos separe, que no tiene sólo agua, peces y barquitos hundidos sino que también...

2) ... me hace acordar que llegué, que Julio, que los abrazos que los besos... A veces pienso que se me cayeron al mar y que...

- Te extraño, dijo el celular. ¿Y quién lo dice? "Vos sos medio tonta o te haces?", contestó el celular al mostrarle quién firmaba el msg.

2) hm.... Decime, ¿Cómo hiciste vos para mandarme un beso, chapuzón, hacerlo nadar todo lo que nadó, secarse, ponerse apuesto, corretear desde el puerto de Olivos -Yo creo que arribó allí - hasta casa y colarse en mi habitación? Besos por celular... pero cómo hiciste para hacerlo ahora??

- Teextrañotambiénydecimesiestásdespierto. Correr, patas de rana, chapuzón, a esquivar el catamarán que llega desde las aguas nocturnas, nadar nadar esquivar el Nautilus, estilo pecho estilo mariposa, me pasé un crucero y ... Julio, buscámelo a Julio.

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Julio) Hola Luna - Le susurró el celular a Luna en el odio, mientras estallaban las estrellas-.


(En realidad lo del estallido era una ilusión emocional. La pura verdad era que las estrellas estaban caídas y cuando sonó el celular, escuché la voz y paf. Se subieron del piso al cielo…)

Luna) ¿Te llegó mi mensajito? Claro que te llegó, que boluda que soy a veces.

J) Bueno. No hablamos hace no sé cuánto tiempo y vos lo primero que haces es insultar a esa persona que quiero tanto...

L) Je... eps, perdón. Es la sorpresa. Los nadadores, viste.

Silencio 1. Por favor… shhh.

J) Decime, ¿por qué abrazas al de la foto y no a mi? - La foto le bailoteaba entre los dedos. En ella Luna lo miraba fijo, mientras él la tenía en sus brazos-. Digo, el de la foto está en blanco y negro, está encerrado en la foto. Yo a colores, tirado en la cama. Vos lo mirás sonriente a los ojos, convidándole tus claridades... y justo a ese yo de la foto que no soy yo porque ahora estoy acá tirado en la cama de mi habitación. ¿Te acordás el día que nos sacamos la foto? Fue re lindo re fotográfico pero en realidad era un momento para re vivirlo juntos, y no sólo para recordarlo. Envidio esa parte de mi pasado que se quedó con vos en esa foto.

L) La foto… Yo no tengo la foto, tengo esa perspectiva de cuando yo estaba alzada en tus brazos y vos me mirabas, y te robe esa sonrisa un ratito nomás, era tuya pero no era tuya, porque era mía.

J) Jaja, Luna... Me encanta que sepas cómo arrancarme de la cama y hacerme gastar una llamada de larga distancia desde Frankfurt hasta Buenos Aires. Sabés que no suelo Ayer soñé con vos que ibamos en el tren hasta Holanda a encontrarnos con un tal señor C.

L) ¿Es el mismo señor C. del que me hablaste? ¿La misma peripecia que nos proponíamos revitalizar los las semanas de septiembre octubre noviembre del pasado año? Pero no no, hablame de la J. de Julio, que la C. de última me la dejo guardada ahí un rato. Mirá que me miro al cielo, me veo a mi cuarto menguante y pienso que llena es allá y acá no. Que las nubes a veces me cubren pero...

J) ... Si. Bueno Luna, little moon, en realidad ya te conté en el mensajito que te mandé lo más importante.

L) ¿Te vas para Venecia nomás?

J) No es un "me voy para Venecia", no es "me voy a estudiar afuera", no es "me voy a visitar otro lugar de este continente que ya no tiene el mismo sabor". Es no me voy para Argentina, no puedo nadar lo que nadaron los besos y los te extraños...

L) Bueno. Te entiendo que no vengas hasta acá. Lo sé... No guardo esos ideales ya.

Silencio 2. No se permiten intervenciones quirúrgicas a esta altura de la noche. Esas cosas terminan mal...

L) No digas nada, no tenés que decir nada. Hagamos como cuando me hacías cosquillas en los dedos de los pies con tus adjetivos desnivelados, que vos decías me hacían tan bien. O cuando nos emborrachamos y en plena calle le pedíamos al mundo que ondulara un poco, que tan derecho no nos gustaba, que hiciera eses en el piso a ver si en una de esas corregíamos nuestro rumbo.

J) Necesariamente, para corregir el nuestro rumbo tenemos que hacerlo juntos…

El cigarrillo que Luna se había prendido justito antes del llamado telefónico estaba reducido a menos de la colilla. No le había pegado ni una sola pitada. Julio le hace bien en eso de dejar de fumar.

J) Bueno, ya hablamos de mi, pero ¿Quién sos ahora?

L) Casi como en la foto, sólo que a mi cuerpo le faltan otros dos brazos que le sostengan. Y no sabés, que voy descubriendo que mi cuerpo es tan mío, que las acrobacias me salen bastante, que justo cuando quiero dejar todo algo en este mundo complota y sabotea mi abandono.

J) ¿Puedo sabotear tu abandono nuevametne? Sabés que me encanta hacerlo.

L) Lo acabás de hacer, pero mi problema son los efectos secundarios. Allen les dice "secuelas", pero eso es otra historia.
Los espacios vacíos cada vez me gustan menos, aunque los reconozco como necesarios. Porque a veces necesito los chapoteos, viste. No sé si entendés, pero es así Julio. O sea, yo digo que no podemos estar sin entre-espacios sin distancias, pero las lejanías querido, las le-ja-ní-as-me-ma-tan.

J) ¿Y si te digo que me encantaría asesinarlas? Porque por más que escuche tu voz, esto es un aparatito que se conecta con una red internacionalmente mágicotecnológica que salta de antena en antena, chapotea, que tiene snorkel y llega a otro aparatito que hace de cuenta que soy yo pero no soy yo pero al menos me deja saber que estás, que sos, que mirás el techo mientras te mirás el anillo de tu pie contandole cómo te sentís.

L) Yo estoy bien, conociendo un poco más de la parte de adentro del mundo, porque la parte de afuera me cansó lo suficiente como para volverme un toque adentro a ver cómo me salen los ostracismos y el teatro de varieté para hacer reír a... nadie.

J) A mí me hacías reír. Sé que todavía podés. Sé que llegaste de viaje hasta mí, sé que somos un accidente, que todavía no a ocurrido por completo. Ese es el tema, el accidente quedó truncado. Digo, si nos hubiéramos quedado o simplemente pudiéramos terminar nuestro choque final, que se suponía era el más fácil. Pero me parece que estamos perdiendo nuestra inocencia en esas facilidades automovilísticas.
Digo, pienso... bah. Siento, que quiero que te vengas a la frontera de Venecia, que nos encontremos en terreno Neutral para ver cómo nos sale eso de inventar sin anestesia.

L) Terreno neutral: ¿Eso de no estar en tu casa, pero tampoco en la mía? ¿Eso de irnos de nosotros mismos un rato, de escaparle a las divisiones propias, hundidas en la carne -Oceano Atlántico-? Es jugar en la zona liberada porque en realidad, para evitar nuestras distancias tenemos que anular los dos extremos del mundo, los barquitos los aeropuertos las maletas las aduanas y decime ¿por qué me decis eso?

J) Pensé... lo Neutral es lo que somos, ¿no?

Instrucciones para convertirse en FM

domingo, 29 de julio de 2007

- Claro claro. porque ahora estás más recatado, y no "vas de 0 a 200", como solías decir ¿no?

- Todo depende, debe darse, July. Igual es cierto que hubo una merma en estas cuestiones del destino poco utilizable e inflamable, de cumbustión espontanea en mares de ideas súbitas e impecables.

- Como la que te llevó a ganar el premio de "No volveré a Nordelta". Oh bombón, yo hubiera querido estar ahí, digo, al menos para ver toda la historia en vivo. Porque ya me la contaste, sé que te encanta contarla, y la verdad es que sólo a vos se te ocurre alucinar de tal manera, y despertar al otro día y resulta que no alucinaste un carajo, que te pasó en serio.

La autopista eran lucecitas que venían y se perdían por detrás casi instantaneamente. El auto rompía el viento esa madrugada de domingo, con arbolitos que se sambullían en la oscuridad a penas los pasabamos y las líneas en el asfalto se las tragaba el piso del auto en menos de un segundo.

- ... que la organizaba él viste, que infló todo, y me imagino que mañana se va a andar jactando de cómo nos fue anoche y blablero y quién era tu amiga, y si te acordás de cómo saltaste los arbustos, devolviste una patada voladora a nadie y terminaste sentado de traste en el pasto enfrente de la piba de la otra vez.

- ¿Cuál piba de la otra vez?

- Lau. Chica simpática, sinceramente no pensé que fuera a salir nada y de repente me encontré con ella en Plaza Serrano saliendo de la facultad un viernes.
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Yo te juro que la conciencia me la había dejado, que no sé dónde estaba, que la vendí, la permuté por otro tequila o la rifé y estoy segura que vos no te la llevaste. Jajaja... ¿Ya nos vamos, amor? Con razón Felipe me decía que sos medio fantasma, que te escabullís de repente. Pero, ¿vos sabés volver, tenés idea? Un cuerno che, pero me pierdo con vos.

Felipe me dijo que vayamos a la fiesta. Que era en lo de Lisa, en algo, un country o no sé qué, llamado Los Robles del Monarca... eso, Los Robles del Monarca. Una rejita, no sé cuántos caminitos en medio del no se ve un pomo de la noche de la provincia zona norte y gracias. Gracias por venir.

El resto fue cerveza, vodka, Felipe fumando yerba, alguno que se le ocurrió dar vueltas alredededor de un pino con un papel higiénico, yo tratando de tirar a July a la pileta. La amiga de July que terminó a los frontazos de labio abierto y combate de lenguetajos sin correa con Orlando. Je.

- Bueno, yo me adentro en las colinas de Nosedondia para ver si llego a casa porque ya me estoy empezando a embolar.

- Nos perdemos juntos, corazón. Que yo acá no me quedo con estos sola, a ver si están más cuerdos que vos. Bosquecito de noche. Nunca estuve contigo en un bosquecito de noche.

Puse el auto en marcha. Todavía el sol no aguaba la fiesta y la pileta recién recibía a su tercera nadadora accidental. El vodka ya era el peor del mundo, el tequila estaba en extinsión y la cerveza que sobrevivía, oculta estratégicamente, era de la peor calaña encontrable.

El auto hizo marcha atrás prácticamente llevado por la inercia de mis manos, unos treinta minutos seco y un pantallazo de agua en el baño para despertar entre caramelos y el carnabal carioca, que era lo que quedaba de mi. Al lado de un árbol estaba Felipe con algunos de sus cuates haciendo fumata blanca como si fueran a elegir nuevo Papa. El jardín de la casita jaigsosaieti era un campo minado con autos de todas las razas y colores.

- ¿Vamos a probar la velocidad, no? - le dijo July a Allen mientras le arrojaba un beso en la cara a Felipe y que gracias que la pasé bárbaro.- ¿Al menos 220? Vamos a por un record.

- No lo dejes, que este se piensa que es una formula 1 - dijo Felipe largando humo de su boca como si fuera un dragón. Ý comenzó a reir sin motivo alguno.

Me subo que me subo que me subo, abrí la puerta nene. Ya está, se me pasó el frío y las estalactitas. Prendeme el aire acondicionado che, o me prendo un pucho si se puede. Siempre me mirás igual, entonces pará que prendo el Philip y...

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12okm:
- Lau... nunca me la mencionaste. ¿Era esa tu ex?

- Ja, no. Lau y yo no llegamos a eso. En realidad, salimos un rato, Orlando me la había presentado un día en The Roxy. nos pusimos a hablar, entablamos charla que terminó tres meses después con una súbita pateada de tablero de la futura arquitecta.

- Honey, ¿estás probando a ver si podes viajar en el tiempo?

- Un profe mío de física me contó que si viajas a la velocidad de la luz te convertís en onda de radio, situación existencial que te permite atravesar la materia. El tema está en cómo no te detenés precisamente donde exista un lavaropas, a ver si terminas haciendo el centrifugado...

- Se mueve todo, Allen.

Eran 160km ya. Fue así como fui alcanzando una Land Rover negra. El idiota tenía las luces apagadas. No hay nada que desintegre mi paciencia tan rápido como un estúpido a ciegas en la calle. Entonces me puse a la par del tipo, y le baje el vidrio para...

... decirle que tenía cara de imbécil lastrado por un elefante. Estabamos yendo a 180km por hora y a este se le ocurre bajar el vidrio e insultar al tipo, que también es tan imbécil como él y baja el vidrio.

- Allen. Bueno, pará que no me gusta cómo estás yendo. Allen...

- ... que no entiendo como un retardado como vos anda a esta velocidad, charlando, y sin luces. Sos un ridículo, flaco. Vos sos de los que encima después en Avenida Córdoba a las siete de la tarde se les da por doblar a la derecha y están en el carril de más a la izquierda - La contestación desde la Land se la llevaba el viento, no se entendía nada- . Y en una de esas, después si te chocan el auto no sabés que hacer. Guarda la curva, giremos un tantito que estamos cerca a ver si terminamos cochando los dos por charlatanes en frecuencia de FM.

- Bueno, no te va a entender. Dejá de mostrarle el dedo. Ok, está quedando atrás. Listo, fue... dejalo en paz, ya va a prender las luces o se va a matar. Pero intentemos no ser nosotros tapa de ningun diario, que encima no me gusta salir mal arreglada en público.

- Quiero ver si llego a los 220. Es cuestión de ver. Una vez con Bob hicimos este recorrido en 20 minutos. No sabes, parecía que ibamos adentro de la nave de la Guerra de las Galaxias, no me acuerdo cómo se llama. El tema es que hice veinte minutos, no sé si 15.

- Te pido por favor Allen que sueltes ese acelerador, que no estas con Bob. Bajá...

- Falta un toque...

Los arbolitos al costado eran fantasmitas negros que corrían en dirección contraria, las luces que iluminaban la ruta no eran redondas, sino líneas que se le escurrían al parabrisas. El pucho parecía que no le había hecho efecto nada porque July estaba medio inquieta. Yo pensé que se lo bancaba, que la nicotina la iba a dejar un poco más dócil que de costumbre, que a veces me pregunto si la tendría que haber dejado en casa y que salga con quien se le cante.

- ¡La puta madre Allen! No es gracioso ya, esto no es un jueguito idiota nene. No me hagas caso a lo de antes, no me interesa sentir los 220 km. Basta.

- No me golpees el brazo que ahí si que nos puede salir mal. Mirá que estoy en 210 y vamos que esto me parece que no levanta más, pero ¿viste esa loma? Creo que nos levantamos del suelo, que nos fuimos de la tierra un tantito jaja.

220, el auto iba derecho, pero cualquier maniobra era una jugada riesgosa, las curbas se tenían que mantener con pulso de médico cirujano. Fue sólo otro auto que apareció, que Allen pasó rozante, que desestabilizó un poco el vehículo, que los gritos de July fueron demasiado, que Allen tragó saliva en claro reconocimiento de que se había cruzado una línea, y que no se iban a convertir en ninguna onda de FM para llegar a casa.

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- Pelotudo - gritaba July, ya abajo del auto, parado a un lado de la banquina -. No viajo más con vos, sos un inconciente pedazo de hijo de re mil puta...

Estaba histérica como nunca la vi, me bajé del auto, aparentando una tranquilidad tan verosímil como el Nahuelito, y me proximé a ella, vamos a calmarla que está loca. El cross de derecha que alunizó en mi quijada fue indescriptible. Y mi aterrizaje al piso fue tan doloroso como estrepitoso, y pensé que iba a escupir sangre.

- Nunca pensé que pudieras golpear tan fuerte.

- Pelotudo, pelotudo, no te puedo creer no te puedo creer- temblaba ella, mientras cerraba el otro puño amenazante, y agitaba la mano alunizadora que parece que le dolía.

Me cuasi incorporé. Los 220 km le corrían humedos por los cachetes a July, mientras pataleaba al piso y seguía maldiciéndome en todos los idiomas existenes e inventados que se le ocurrían.

- July, July. Ya paré...

- No quiero... no quiero más las luces que se me escapan a la vista, ni el esfalto que se escurre por debajo de los neumáticos. No quiero esquivas camionetas de imbéciles, ni hacer sociales ventanilla a ventanilla. Nada de alarmas, nada de sorpresas. ¿Qué te pasa? Allen, Allen, no... Casi me muero ahí adentro en tu máquina del tiempo... Casi me muero nada más de esa sensación de desastre en potencia.

Pensé que me iba a dar un gancho al estómago, pero me abrazó fuerte, me susurró al odio que no quería más. Que esperemos un rato, que el sol ya sale, que necesitaba que le hable, que le explique la relación entre la persona de la avenida en el primer beso, de las luces apagadas en mi depto el viernes pasado y la que manejaba a 220 hacía cinco minutos.