Los nuevitos

viernes, 24 de julio de 2009

I
- Puta madre -pensaba Day-, ¿por qué me toca el brazo? ¿Necesitás tomarme del brazo para hablarme? ¿Acaso ves que otros hagan lo mismo? Oh, no, me senté al lado de un denso.

El cumple de Orlando es un día muy especial (para Orlando sobre todo), y decidió festejarlo en Van Konning, más por presiones de Allen & Esthershack antes que por quererlo él. Total, después van al Roxy. Sentados en una mesa del local, uno de los compañeros de trabajo de Orlando se le queda hablando a Daiana. Allen, ubicado casi de frente, observa la situeishon.

El sujeto charla con Day, le comenta sobre por qué la Guía T no es tan buena como la Lumi. Ella, por más de no estar interesada en absoluto en los dichos del ente extraño, se muestra cordial. Aunque...

- Claro -pensó Day-, como tu pequeño cerebro intuye que no me tenés atrapada con tu conversación sobre planitos de bolsillo, me tomás del brazo, a ver si te noto. Por favorrrrrr... Encima Luna me hizo el favor de sentarse en la otra punta. Rodeada estoy. ¡Rodeada!

Efectivamente, por llegar recontra tarde, encontró lugar en la otra punta de la mesa, mientras todos un tanto achispados le festejaban el nuevo corte de pelo.

- Así son ustedes los hombres-exclamó la lunática-. Nos tenemos que cortar el pelo de manera obvia para que lo noten, como si hubiera dos medidas nada más: corto y largo. ¡Qué salamotes!

- ... la Lumi te indica la altura de las calles - escuchó lamentablemente Day, mientras le tomaba nuevamente el brazo y se acercaba para que ella pudiera oir mejor. Quizás en no demasiado tiempo logre alguna reubicación. Algún día se tendrán que levantar de esa mesa, ¿no?

Allen observa: El sujeto la toma del brazo para hablarle, ¿qué ha pasado con la gente decente estos días? Igual yo no puedo hacer nada, ya no estamos juntos. Pero me parece que ella debería ser realmente efusiva si no se lo banca. ¿Y si se lo banca? ¿Estás haciendo esto para hacerme enojar? No te va a salir, yo soy un tipo muy ubicado.

De vez en cuando Day lograba dar por terminadas las acotaciones del muchacho desconocido, pero este no tardaba tanto en retomar sus dichos. "Allen se hace el que no mira... pero mira", pensó Day.

- Está perfecto que le hable -Allen decía para sus adentros-. Está perfecto que ella escuche. ¿Pero que la agarre del brazo? Como si eso amplificara su capacidad auditiva o algo así.

- Bueno -monologaba en silencio Day-. Ya tendría que darse cuenta que no lo mando a la mierda por ser cordial. Por otro lado, ese hábito de la manito en mi brazo... Como si eso amplificara mi capacidad auditiva. Menos mal que ahí viene Luna, ahora en venganza se lo encajo a ella...

II
- La verdad que el nuevo no me cae mucho - le decía Valeria a William-. No me pareció nada lúcido, en el almuerzo me preguntó en qué piso trabajábamos.

- Parece un tipo un tanto perdido - contestó Will.

Efectivamente, en sus primeros días de trabajo Allen llevaba varios días sin dormir, no por estar viviendo la jarana precisamente sino por "esas cuestiones". Sus neuronas se suicidaban una tras otra, segundo a segundo. Incluso llegó a romper todo un sitio porque aún no comprendía el sistema de backend.

- Es simple - se esforzaba Val-: primero desarrollo, luego staging, luego producción. Para los dos últimos precisás la card para la vpn.

No era complicado, para nada. Aún así, los gestos de Allen en la reunión que Celián había tenido con los recién entrantes eran llamativos. Ese día particularmente Allen casi se desmaya en el subte, no sentía las piernas, y encima eso lo ponía nervioso.

- ¿Todo claro, Allen? - escupió Celian luego de terminar el organigrama de la empresa.

- Sí, claro - mintió Allen, mientras chequeaba que su pie derecho siguiera funcionando y medianamente operable para llegar a su trabajo.

- Este me parece que es un caso perdido - le decía Val a William, mientras veía como Allen se tropezaba con las columnas de la oficina.

Ahora bien, los hechos demuestran que por alguna extraña razón, el señor Jana tiende a caer mal al principio, pero en algunos casos luego se gana las simpatías, y en unos tantos pocos... en fin.

III
Me mirás así, como si no puedieras comprenderlo, pero deberías, ¿no? No me gusta que me tengas así, tan enjuiciada, tan... Aún no entiendo del todo qué pretendo de vos, si aprobación o ese estúpido deseo de que estemos bien los dos, pero separados. Me imagino que se trata de esa cesura que aún tenemos vos y yo.

Ok. Lo viste, ahí lo tenés, ya lo conocés, es él, de carne y hueso, quien está a mi lado ahora. Ya sé lo que pensás. Automáticamente te estás comparando con él. El nuevo, el actual, contra el ex. Presente contra pasado. Pero por favor, no hace falta, no me gusta que se midan así, es mazclar las cosas.

¿Por qué tenés que decirle "el nuevo"? Tiene nombre, ¿sabías? Y él conoce el tuyo. Es sólo una cuestión de respeto. Aún te quiero, claro, pero no es el amor que era. Y el amor que es, mi amor que es, es con... no me pongas esa cara. ¿Sabés que me revolvés un cuchillo adentro cuando me mirás así, tan severo? Maldita sea, debería irme de acá, salir de tu vista. Pero detesto que quedemos así.

¿Sabés lo peor? Creo que si vos y "el nuevo", como le decís, se dignaran a charlar un poco, se llevarían bien. Sería loco, ¿no? Mi ex y mi actual como si fueran amigos. Pasado y presente estrechándose la mano, compartiendo una cerveza o hablando del partido. Imposible. A ninguno de los dos les gusta el fútbol. Me los busco así yo, anti cancha.

Pero ¿por qué? ¿Tanto te molesta? Yo puedo hacer lo que quiera sin tu aprobación. Quizás vos deberías hacer lo mismo ahora. Tu mirada. Si pudiera sacarme de encima tu mirada me sentiría más ligera, lista para danzar, lista para encontrarme con el mundo. Eso me decís, que soy libre. Es que... por más que no me mires, yo siento que me miras... ¡Basta, que no quiero!

IV
- ¿Desde cuándo? - le preguntó mientras ella se servía un chop.

- ¿Cómo desde cuándo? Desde siempre, je. - contestó, claramente omitiendo la verdadera respuesta.

A él le resultaba extraña la soltura con la que ella se movía, cómo sus palabras se dibujaban impunemente en el aire para luego desvanecerse en su cabeza. Parecía tan segura de sí misma, que no era ella, era alguien más. Pero era ella.

Entonces ella se quedó observándolo en silencio, mientras bebía. No decía nada pero disparaba sus afirmaciones con los ojos. ¿Qué afirmaba? ¿Qué decía?

- ¿Qué? - dijo él sin poder aguantarse más-. ¿Qué pasa?

Ella se levantó sin contestar. La semana pasada justamente esta misma mujer le había reprochado no dar respuestas a sus preguntas, contestarle con silencios, acercándose sigilosamente por su espalda para que no lo viera.

Se sentó junto a él y le dijo:

- Me cansé esta dinámica un tanto insegura nuestra. Acá estamos, vos y yo, un tanto accidentados. Te queda bien el pelo así, Oliver, ¿te lo dije?

Algo le decía que ya no estaba en control de la situación. Jamás lo había estado, en realidad. Sólo que antes no había pasado nada relevante.

- Oliver... me cansé un poco de las idas y vueltas, todo para que siempre no ocurramos. Siempre me imaginé todo esto algo más romántico, sin que vos me preguntes "¿qué?". ¿Me equivoco? ¿Seguiremos así? No quiero, pero no me voy a ir. Quizás sea uno de mis tantos errores, de esas cosas que me ocurren por querer demasiado.

Un memorandum

martes, 21 de julio de 2009

No tengo ni idea de dónde me encuentro, ni de cómo llegué ahí. Cuando me despierto, estoy en una playa, una especie de mezcla entre la costa brasilera y un lago barilochense. Mi cabeza retumba, pero pasará pronto. ¿Quizás el exceso de sueño me provoque esto?

Me levanto, con mis pies aún dormidos, y comienzo a caminar como si supiera a dónde voy. No reconozco norte de sur, este de oeste. Me hallo en un claro, con el agua a mis pies, pero la vegetación es abundante. ¿De esto se trata Lost? ¿Quién carajo es Jack? Cuando llego al borde de la playa, encuentro algo así como un breve pasadizo. Una playa vecina, en donde ella está tomando sol.

- Llegaste.

La miro como si nada estuviera fuera de lugar, aunque no tengo idea de qué está ocurriendo. O en realidad, se trataba de algo que estaba ocurriendo tal cual, pero en otro lado. Y mi memoria traspapeló los sucesos, hasta llegar a...

- Pensé que te habías olvidado.

Hubiera preguntado "¿De qué?", pero era evidenciar mi ignorancia. Ella me miraba con una sonrisa, y no quise desperdiciar eso. Por otro lado, ella se levantó y me dio un dulce beso. De repente lo supe: Hoy a la noche debíamos cenar juntos. Yo la había invitado en una especie de arrebato, de esas cosas que no suelo hacer. Contra todo pronóstico, ella había aceptado. Entonces no recuerdo demasiado, más que haberme levantado con dolor de cabeza.

Pero ella me seguía mirando, y yo pensé que no quería irme. Repentinamente me llamaban a lo lejos. Parecía ser mi hermano, tenía que ayudarlo con algo y para variar no sabía qué.

Pero me quedó grabado: ella recibiéndome con una sonrisa, hacía mucho que no la veía. Nuestros malentendidos del pasado no eran, quizás, más que evidencia de esa playa que nos reunía para la ocasión. Sus ojos me miraban con una expectativa, como si cenar conmigo pudiera llegar a ser genial. En realidad, yo sentía que era genial que finalmente, en un amnésico retorno, su sonrisa fuera mía.

- Es difícil no chocar contigo - me dijo.

Luego se dio media vuelta. Tenía que volver a por ella por la noche. ¿No importa que no recuerde nada? Simplemente tengo que disfrutar a donde he llegado. Sea como sea que haya llegado. Un tanto débil de carácter sería, si por más que ella esté aquí conmigo, no me preguntara algunas cosas.

Mi hermano continuaba llamando. ¿Era tan notorio que yo no debía estar allí? ¿Tanto tiempo para que un llamado fortuito, probablemente injustificado, me extraiga como una muela que no quiere salir? Aún así, era inevitable. De tan acostumbrado, intenté imaginar en qué momento de las circunstancias había un malentendido con ella. ¿Quizás la muchacha también se había olvidado?

Me quedé pensando en ella horas y horas, en una noche que intuía, no iba a ocurrir de todas formas. Es el fracaso de los artificios. Lo que no me quitó las ganas de desencriptar, fuera por el dislate que fuere, cómo había llegado a esa playa y qué demonios hacíamos allí.

acto 1

viernes, 17 de julio de 2009

I
En el medio del escenario, sentados alrededor de una mesa, se encuentran Orlando y Felipe. Ambos toman cerveza y ríen, no se escucha precisamente de qué. La decoración insinúa una taberna un tanto vieja, pero cálida, con luces ambar y telas rojas colgadas en el fondo. Sobre la mesa están los dos chops medio llenos de los personajes, uno más vacío, y una botella de cerveza empezada.

Orlando: Hubieras visto su cara... jajaja! Dijo que se encerraría hasta el mes que viene, que cancelaba todas sus actividades. Ni nos saludó, ¡se fue!

Felipe: Porquerías. Se ha ido de mambo con testo de la gripe. Ya ni observo sus mails. Ya ni atiendo sus llamadas. Está cooptado por la paranoia, su historia me tiene harto.

Orlando: Hablando de escritos, el correo de Allen fue un tanto rudo. Venía todo caldeado, ¿hacía falta tal intervención?

Entra Allen por la izquierda, llevando su clásica mochila cruzada. Luce un tanto preocupado. Se sienta rápidamente dejando la mochila en el respaldo, junto a los dos personajes. Toma el chop vacío y se sirve. Orlando y Felipe lo observan.

Allen: ¿Qué?

Orlando: Pues, ingresaste así nomás, con esa cara... Nosotros somos los que estamos preguntándonos "¿Qué?".

Allen: Queridos compatriotas, tengo la teoría de que... tengo la teoría de que me han saqueado. Se han llevado algo muy importante para mí. ¿No lo notaron? En realidad creo que me lo han quitado el pasado viernes. Mmm... Eso explicaría lo poco sutil que fue esta semana.

Felipe: ¿Qué? Hace rato que no noto nada. Notar las cosas sólo me llevó al extravio. Que es precisamente un estadío en el cual uno no nota las cosas, viste. Creo que es una cuestión de equilibrio, tenemos que pedir otra cerveza.

Felipe hace señas a fuera de escena, para que le traigan otra botella.

Orlando: ¿Otra de tus teorías?

Allen: Otra de mis teorías... mirá, es obvio. Es obvio, y vos deberías haberte dado cuenta también. Pues me robaron la creatividad, hermano. Ya está, no la tengo.

Orlando: ¿Qué? No puede ser. Te preocupás al pedo, no creo que nadie se haya llevado eso.

Allen: ¿Te parece? ¿Y qué ocurre si te digo que ya no está? Ya no la hallo donde siempre la dejo...

Orlando observa molesto. La moza aparece por la izquierda, les deja otra botella de cerveza. Felipe se sirve de ella precipitadamente, luego le sirve a Orlando y simultaneamente comienza a tomar de su chop. Allen, con cara de repentina iluminación, saca un papel del bosillo. Anota algo en él con una birome.

Allen: Es simple de demostrar. Mirá, tenés que decirme qué escribí aquí. Es completamente predecible.

Orlando: ¿Qué?

Felipe: Escribiste "Malditos Jonas Brothers".

Allen muestra el papel. Orlando y Felipe lo observan, luego se miran entre sí.

Orlando: Malditos Jonas Brothers... no sé por qué pero estuve a punto de decir algo por el estilo.

Allen: ¿Ven? No digo pabadas, es así como digo. Encima yo...

Orlando: ... dependés de eso todos los días, es una de tus principales preocupaciones. No te preocupes, tampoco es que se vaya a acabar el mundo porque tu marketing sea predecible.

Allen: ¡Sí! Soy completamente predecible. Hasta podés vos terminar mis frases, no hace falta que diga las cosas.

Felipe sigue tomando de su chop, con los ojos bien abiertos, mirando a Allen. Este se termina de un trago largo su bebida y vuelve a servirse. Levanta el chop, mira como el líquido amarillento se trasluce.

Felipe: Pensás que en una de esas lo tenga... ¿July?

Allen: Sí, sí. Ya pensé todo eso. Es obvio que pensé eso, que es así, que tengo esa idea. Que es completamente predecible que tenga esa idea. Claramente, pensé en ella porque hace rato que no sé quién es, y por otro lado, era algo que ella siempre destacaba de mí.

Orlando: Pues debes pegarle una visita, ¿no?

Allen lo mira, hace un gesto de "bueno, si no queda otra". Se termina su chop de cerveza.

Allen: Deberíamos haber pedido cerveza negra...

II
Una muchacha plancha, mientras escucha música de jazz, a un volumen moderado. Canta de vez en cuando, y hasta le sale algún pasito. Por la derecha ingresa Julieta, caminando pero sin mirar, observando unos cuadernos, anotando cosas. Parece que está haciendo cuentas, está muy concentrada en lo que está haciendo.

Suena el portero. July no lo oye, así que algo molesta, la muchacha va y atiende.

Muchacha: ¿Hola? Sí, Ah. Emm, sí está. - Le hace señas a July, que no registra nada de lo que pasa-. Aguantá.

Cuelga el portero. La muchacha mira a July, que continua leyendo absorta sus cuentas.

Muchacha: ¡July! Hey, hooola.

July: ¿Eh, qué? La música no me deja oir.

Muchacha: Bueh... Es para vos. Allen está abajo, toco el timbre. ¿Lo hago pasar?

July: Eh...

Julieta se ha quedado un tanto sorprendida. En realidad no dabe qué hacer. Sin mirar lo que hace deja su cuaderno sobre la tabla de planchar. Ent0nces vuelve a sonar el portero.

July: Uuu, ok, ok, voy voy. ¿Hola? Allen. ¿Qué pasa? Sí, estoy... ¿Que necesitás qué? ¿Y yo qué tengo que ver con eso? Mm, mira, no puedo ahora. No, en serio, estoy ocupada. Sé que es importante, bueno, pero... Mirá, si querés te llamo a la noche a ver como... Ahora no, por favor, que estoy en medio de una cosa. Que noooo. No me digas eso. Puf... Te llamo a la noche, en serio. Chau.

Logra colgar el portero. July se queda pensando, mirando la nada. La muchacha sigue planchando, mientras mira de reojo qué hace Julieta. Nada, no responde. Finalmente levanta la mano, en un llamado un tanto grosero, para que se lleve su cuaderno. Julieta la ve, se apresura a tomar su cuaderno, pero antes de irse lo deja sobre un banquito.

Las imprecisas

jueves, 16 de julio de 2009

I
No sé por qué mencioné mi pésima memoria. Ella contestó "por favor, acordate de nuestros lindos momentos".

II

París me parece hermoso. Siempre quise estar aquí, y aunque no te conocía la primera vez que vine, siempre quise venir con vos. Entonces vos dijiste que se trataba de "Buenos Aires, pero atavesada por el Sena y con una torre de metal en el centro". Me tomaste por sorpresa. Tan espectante, tan ilusionada. Y vos me decís eso.

Todo eso fue después de la borrachera que me agarré en ese pub, porque vos pediste esa cerveza tan fuerte. Tomé dos sorbos, y me cayó de lo peor. Eloise se rio cuando le conté. Se imaginaba cómo vos me tuviste que llevar arrastrándome por las calles de París hasta el hotel. Me gusta parecer tan desequilibrada con vos, porque tengo la libertad de hacerlo. Total, vos estás, me llevás, amás a mi desequilibrio como me amás a mí.

Entre risas pudimos entrar en la habitación. Creo que ni llegué a desvestirme. Siempre dijiste que tengo el sueño fácil. Tenés razón.

III
Ahora me siento bien, no se preocupen. Tampoco es que iba a estar herida toda la vida, simplemente son cosas que suceden. Ya volví a salir los fines de semana, dejé de llamarla a mi madre a las dos de la mañana para decirle que me sentía mal. Además estoy comiendo menos, porque la depresión me estaba matando.

Cuando realmente me sentí superada fue cuando Pablo me invitó a salir, y me di cuenta que sí, que quería salir con Pablo. Un muchacho atento, creo que siempre me estaba esperando, pero como yo estaba de novia se portó como bien. Incluso cuando terminé con Paliers me dio un tiempo, me dejó tranquila. Cuando le conté pensé que iba a darme la razón en todo. Nada que ver, simplemente escuchó, opinó sobre algunas cosas, me explicó otras.

Entonces ahí estaba yo, con esa sonrisa boba que suelo poner a la tarde cuando salgo del estudio. "Otro boceto devenido en pieza". Tal como me había comentado ese otro sujeto -al que quiero mucho-, un día resulta que hace seis meses que dormís con alguien a tu lado. Bueno... no seis meses, pero...

Pero bueno, me desvié. Ahí estaba yo, con esa sonrisa boba. ¿Vieron cuando una no siente el peso de su historia? Como si me hubiera liberado de esa lágrima que no terminaba de caer desde mi cachete. Bailando con Pablo. Eso es lindo. Realmente lindo.

El otro hijo de puta me manda un mensaje: "todavía no descolgué la foto nuestra en Cataratas". ¿Para qué necesitaba esa notificación? Rompí a llorar instantáneamente. No tenía más ganas de salir, y pedí pizza en casa como cuatro días seguidos. Además, le daba explicaciones a Pablo. No sé ni qué dije, pero sé que... un pasito para adelante, dos para atrás.

IV
- ¿Vale la pena? -pregunté- Tengo miedo. Sinceramente tengo miedo, no sé qué pensar de vos, de mi, de tus modos contra mis ideales... -entré a reir, un tanto nerviosa- ... ideales. Me molesta que me digas esas cosas, ¿quién te crees para quererme? Un desubicado sos.

- Es que... estás tan en tu lugar que me sacás de quicio.

Siempre tenemos este tipo de intercambios en los que yo protesto y él me señala a mi como la culpable. Es nuestra química, nuestros besos son eléctricos porque no son del todo acordados, siempre tienen un elemento sorpresa.

- No sé cómo decírtelo, pero aún no. No me siento segura. No sos vos, s... perdón, casi caigo en tremendo cliché. Lo que quiero decir es que no me gusta pensar que no vaya a funcionar. Y sé que pensás que soy una pelotuda por decirte esto.

- Claro. No puedo obligarte.

Odio cuando se da por vencido tan fácil. ¿Es que acaso te quedaste sin argumentos? Hay veces que me pregunto por qué te sigo escuchando. "No quiero obligarte". Quedate tranquilo, que no podés obligarme, eso ya lo sé. Pero me guardo todo esto que pienso y digo...

- Gracias por entender.

- Sí. Entiendo, aunque sabés perfectamente que nuestra "amistad" jamás será tal. Por otro lado, no me decís nada. ¿Tanto miedo me tenés? A veces pienso que en realidad me tenés por otro, que no te interesa quien soy. Lo que sea.

Le gusta decirme ese tipo de cosas e irse. No lo voy a detener. Lo detuve en el pasado, no me dio resultado. Es hora de que aprendas a esforzarte por mi.

V
Tengo ganas de darte un beso de más y salir impune. Tengo ganas de que antes de que se detenga el tren hayamos finalmente chocado. Ya nos descarrilamos, cariño. Ya me lastimaste, yo te voy a lastimar. ¿Podríamos, no? La próxima estación es Olivos, apurate. Nos acercamos. ¿Que vamos a hacer, como si no sintieramos nada?

Eso. Sabemos que pasan cosas aún. No te acepto que me ignores, pues todavía no soporto -es más, me enoja- saber que soy tu pasado.

Coherencia (II)

martes, 14 de julio de 2009

Mientras mi coherencia vuela vaya a saber dónde, Lisa logra reirse un poco. No sé qué convicciones la llevaron a eso, pero ahora comprendo un poco cómo terminamos acá. Al principio la miré, quería enojarme pero no podía. Mi coherencia hacía rato que no importaba, no así lo otro.

- Entonces, no la tenés vos...

- ¿Qué? - dijo ella, entre risas-. ¿Qué puedo tener yo tuyo? Además, vos tenés también algo mío. Jamás lo reclamé. Jamás te pedí nada. ¿Es justo?

A veces pienso que hay algo que ella no me perdona. Tampoco entiendo tanto por qué. De alguna forma, ya perdí el interés. Volví sólo por eso... Pero me ha disparado una pregunta: ¿yo tengo algo de ella?

Entonces busqué en mi cabeza, miles de pedazos. El barco, todo me llevaba al barco. Lisa me miraba, me decía "sabés de lo que te hablo". Claro que sé, pero no me acuerdo. No lo tengo del todo claro, es más una intuición que una certeza, más una silueta borrosa que una foto en alta resolución.

- Claro. Te confieso algo, me hubiera encantado poder llevarme esa tristeza tuya. Pero creo que me equivoque, por eso no lo tengo en claro. En mi mano estaba, parte de su inocencia.

- A eso me refiero. Mi tristeza no me la podrán quitar jamás. Pero si hay algo que te llevaste fue mi propia navieté. ¿Sabías que podés lograr que la gente se sienta un tanto estúpida? ¡Y encima no tenés la culpa! Hay momentos en los que lográs esquivar toda responsabilidad de los hechos.

Le tendí la mano para que tomara su inocencia. Ella miró, se rió. Era obvio que no la quería. "Jamás te pedí nada". Tender la mano hacia la nada es algo que ya me tiene mal acostumbrado. No me sorprende, y menos de ella. Pero tampoco me siento triunfador.

- Pensás que todo es diferente desde ahí, ¿verdad? - le dije-. Ahora estás más preparada, o te deshiciste de eso que te molestaba. Pues no te das una idea, Lisa...

Simplemente me vi alzar la mano, dejar su pluma volar, la pluma de su inocencia, blanca, un tanto despareja. Y flotó, se fue lejos, parecía escabullirse por los edificios, en busca de alguna idea sutil que alimentar. Ambas plumas se copertenecen. Fueron extraidas al mismo momento, bajo la misma quimera. Antes de partir hacia la escalera, de retornar al mundo, continué mi frase:

- ... no te das una idea, de cuánto te equivocás.