Mirar desde el otro lado de la pantalla

lunes, 15 de octubre de 2012

I
The other day I bumped into this article:




No big news, I mean, you don't need to be a scientist or a psychologist to know that. Yet, things that happened:

II
Jonathan Bayton is looking at Michelle's photos and stuff. It's nite. It's a living room with dim lights.

Bentham appears, out of nowere.

- Hey! Listen, gotta tell ya, no good.

Bayton jumps scared, and insults Bentham. He doesn't even know how this character got himself into his home.

- What are you doing here?

- Just visiting. Listen, let her go - he sits on the sofa-. I mean, you are not going to get her attention over Facebook, pal. Besides, that shit is CIA crap!

- Oh, yea. Get comfortable, make yourself at home! What are you doing?

Bentham looks around, as if he was checking that they were alone.

- The method is to erase the girl, Just, erase. If not, you get in trouble!

- What do you care?

- I have done some research and I can tell you that Facebook works like shit. If you visit someone's profile too much, it makes you appear to the other person as a "suggested friend". And if you already are a friend, then you start to appear on the other person's "like suggestions".

- Na, you know crap.

- Oh, no no, I am telling you the truth, As you may know I have multiple personalities here.

Bayton stands in front of Bentham, who is just sitting there. The first one is not surprise, is just a little bit upset. The second one is way too relaxed.

- What do you want?

- Do you also visit Jackie's profile? - Bentham laughs -. You gotta live with the fact that sometimes people just go away from your life. Or at least burn, burn yourself, tell her everything. Open up, burn. Go find her and tell her everything, be stupidly honest with her, be as dramatic as you can be, as you can feel. 

Bentham laughs. He maybe under the effect of some drug.

- Listen, i think that you are the one still thinking about Jackie. And I got the feeling that you are high and trying to let her go. Just go and talk to her.

- Can't.

- Why?

- I erased all means of contact. I changed my number. All bridges are down.

- Oh, I see. And now you regret it, you don't know what to do.

- Oh, don't worry. I expected this to happen. That's why you burn stuff, so you can't go back.

Bentham looks right at Bayton. Stands up. Hold his shoulder.

- Sorry, I am just trying to help.

- No need for that. Leave, please.

- Ok, ok. I can give you one piece of advice, though. Find someone that looks a little bit like her. Go for that, it works.

III
Pensalo así: es mejor imaginarte que la otra persona está mejor, que ha seguido con sus cosas. ¿Por qué? Por que es lo que, afortunadamente, sucede a fin de cuentas.

Quizás ahora tenemos un problema que antes no teníamos, que es que fácilmente podemos averiguar cosas sobre una o un ex. Rolland suele pedirme en ocasiones que le deje ver qué publica una ex suya, que hoy está más en contacto conmigo que con él. 

I must say, this is venom, Creo que al ver cómo se puso la primera vez, decidí que esa sería la única vez.

IV
- No es tan fácil cortar los puentes, ¿no? - le dije a ella.

- Es verdad, ahora parece que tenemos aún más chances de toparnos el uno con el otro accidentalmente.

- ¿No tenés esa sensación de que hay cosas que sencillamente tienen que ocurrir, que hay gente con la que necesariamente te tenés que cruzar en un momento X? ¿No te pasa que en verdad deseás algo con tanta fuerza, que cuando ocurre te sentís como si hubieras ejecutado magia?

Me miró sorprendida de que yo hablara de semejante acto de brujería. Yo, un racionalista en rehabilitación, estaba evidentemente teniendo un ataque de... iba a decir de lucidez, pero no creo que sea el caso.

Sonrió.

Yo sonreí otro poco.

- Perdón, suena idiota, lo sé.

- Ahora que lo pienso, me ocurre lo siguiente: pasamos un tiempo sin saber nada el uno del otro, y justo cuando por alguna cosa, me acuerdo de vos, aparecés.

En verdad quizo decir que pasa un período de tiempo en el que se olvida de mi, logra hacer de cuenta que no existo, y por motivo x algún detalle le recuerda a mi. Y entonces ella o yo, sin saberlo, cometemos un acto que nos lleva al contacto.

- Me siento un poco subversivo al haberte hablado y propuesto vernos acá.

El pequeño acto subversivo, ese pequeño primer paso tan difícil de tomar.

- Pensé en hablarte yo, pero creí que me ibas a morder, más o menos. Tuvimos momentos donde no nos tratamos tan bien.

- Soy más amable ahora.

- Es cierto eso. Pero no sé que hacemos. O no sé por qué estamos acá. Sabés perfectamente que no podemos ser amigos.

Siempre lo supe. Pero ella... Fue la primera vez que lo admitió. No, claro, no podemos. Si lo habrá dicho, si lo habrá intentado, si me habrá hablado como amiga. Fracaso. Se necesitan dos. Para todo, se necesitan dos.

- Te sigo aunque no tengas Twitter...

El Complot

miércoles, 10 de octubre de 2012

No es necesario que debas esperar siempre algo a cambio. Jonathan Bayton se encontró con una inquilina de hostel a la que le habían robado su dinero. No podía conseguir nada hasta el martes, es decir, dentro de dos días.

Le tendió un billete de veinte Euros. Ella le agradeció. Le dijo que se los devolvería. Él le dijlo que no hacía falta, que sencillamente cuando se encontrara a otra persona en una situación como la de ella, actuara de forma similar a la de él.

Otras veces será un plan menos sencillo, se requerirá meticulosidad. Buscas durante quizás dos semanas, recorres ferias, locales, barrios recónditos. Consultas con gente amena, con cascarrabias, con la chica bonita y el denso. Pensás las posibilidades, medís las distancias, ejecutás un plan.

Complotás.

Parecido a cuando Rolland se fue un fin de semana con su novia de breve paseo, y cuando volvió tenía el departamento pintado, tal como quería.

It's not about the money. It's about sending a message.

Y sonará estúpido, pero a veces uno ni siquiera quiere recibir las gracias. Quiere hacer magia. La idea de que a otra persona le pase algo bueno, de pura suerte, casi. Como si una fuerza, la fortuna, dispusiera las cosas de forma bella.

Not art, but definitely can be artistic.

Requiere investigación. Requiere sincronización. Requiere tiempo. Requiere energía. Requiere hasta a veces, audacia.

Las personas están demasiado acostumbradas a dar algo a cambio de otra cosa, o a hacer algo a cambio de otro favor. Cuando alguien da algo, en pérdida pura, por decirlo de alguna manera, les parece raro.

Es raro que alguien le de cien pesos a un mendigo en la calle. Es raro que alguien te deje un paquete con tu libro preferido para tu cumpleaños, sin siquiera decirte quién es.

Quizás haya que ir un poco en contra de algunas convenciones. Lo obvio, o lo rutinario. Dicen por ahí que las personas son más libres de lo que se piensan. Y entonces perderse un poco en actos que no impliquen una ganancia, o que no tengan mayor retribución que ver a otro sorprendido y tal vez sentirse uno un arquitecto de la ocurrencia.

La mera suerte es la confluencia de una serie de hechos en principio inconexos.

En algún momento pasado fui bueno en eso. No por habilidoso, no por inteligente. No por buen tipo siquiera. Solo por buscar alguna forma de crear algo, lo que fuere.

Go.

A la deriva

viernes, 5 de octubre de 2012

I
Sometimes I bump into toughts. Today I was in the office and, suddenly, this one bumped into my head:

"Fear of losing somebody is perhaps one of the most common ways of losing somebody"

I was saying something, speaking about last night. I stopped, I thought about her, and I smiled. I was relaxed.

II
Ingresé al lugar de prepo, me habían llevado sin decirme a donde íbamos. "Jon, no hagas tantas preguntas". Manuel odia que intente averiguar a donde vamos o que vamos a hacer, él tiene la idea de que tenemos que permanecer los amigos unidos, whatever happens.

Entonces ahí estaba, vagando entre las luces y una muchedumbre que miraba el escenario. El violeta era el color del momento, mientras dos mujeres semidesnudas bailaban. En frente de ellas estaban unos cinco solteros que evidentemente dejarían de serlo pronto, uno de ellos tenía una vincha corbata.

Había mujeres solas, paradas en diferentes lugares del salón. Era como si vendieran algo, a ellas mismas. Sólo era cuestión de acercarse y murmurarles algo en el oído.

Fui a la barra y cometí el error de la noche: pedir un destornillador. Fanta con el peor vodka del mundo ligué, todo por el módico precio de once euros.

Alguien grito que quería ver coños.

Y los iban a ver, porque las chicas seguían con su show y parece que se iban a sumar dos más.

En la parte de atrás del lugar era posible hablar un poco, alejarse de toda la oferta de sexo: un patiecito lindo, abierto bajo las estrellas. Gente salía de lo que asumo sería la cocina. Yo tomaba esa asquerocidad de trago cuando me crucé con una morocha que me miró y me dijo "Hola lindo", y siguió caminando.

Manuel estaba mirando para todos lados, me imaginé que intentaba no sé, cotizarlas en su cabeza. Es deporte, me imagino. Me adelanté a lo que iba a suceder: que terminaría con una, nada linda, yendo a una habitación. Y que a la mañana siguiente llamaría a la novia para decirle si quería ir a almorzar, o ver una película en la casa.

En la barra estaban acodados unos tres tipos de saco, viejos, canosos. Recordé al hombre que siempre estaba en ahí, sentado, en el bar al que iba cuando tenía dieciocho años y una carrera por delante.

"The unknown dad's of the junkies", pensé.

La morocha me tomó del brazo, así nomás, me preguntó cómo me llamaba. Le dije "Jim", porque... pensé que no era bueno decirle mi nombre a una mujer que no conocía, ni tenía interés en conocer.

Me preguntó que tenía planeado hacer esta noche. Mi respuesta normal hubiera sido embriagarme, pero dije  que debía cuidar de mi amigo, Manuel. Lo busqué con la vista.

"¿Cuidarlo de qué? Creo que en todo caso, ya te lo han birlado", dijo la morocha, señalando a Manuel apoyado contra una columna, hablando con una mujer de tacos muy altos, pelo oscuro, con mucho push up.

Me imagino que las mujeres de ahí, en cada rincón, observan a los que fueron esa noche. Algunas esperan a que pase lo que sea, pero otras van a buscar a alguno que les parezca con plata, o potable pero de billetera indecisa, y se ocupan de mostrársele o de encararlo.

Pensé si esta mujer creería que yo tenía plata, o que era potable pero de billetera indecisa.

Le dije que no me interesaba. Como si le estuviera hablando a un vendedor, "gracias, sólo estoy mirando". La morocha no dijo nada, miró medio mal y se fue. No tardó demasiado en conseguir otro tipo que le hable.

Dejé el vaso de destornillador a medio terminar en la barra, Manuel salía acompañado para la habitación del hotel, así que lo esperé en el auto los cuarenta minutos que habrá durado su trámite.

III
Me encantaría refugiarme allá, pero temo cruzarme con él. Es su lugar de exilio. En verdad, es obvio a dónde tengo que ir, pero... no tengo ganas, no aún.

El problema de algunos lugares es que como sabés que los frecuentan ciertas personas, cuando vas te paranoiqueás. Es como si el fantasma de esa persona te acechara. Y en verdad está todo en la cabeza de uno, te cruzás con esa persona en cualquier circunstancia, según la probado la suerte.

Recordé lo lindo que era cuando los lugares eran nuestros. Ni de uno ni de otro, sino nuestros. Era todo más libre. Pero desde hace ya un año y algo, hay espacios que no son, otros que fueron, otros a los que me está prohibido ir, otros que tengo que defender a capa y espada.

Los mejores lugares son esos que nadie sabe dónde están, salvo uno. Y cuando encontrás a alguien que querés mucho le mostrás ese lugar.

La geografía puede ser muy sentimental.

IV
- ¿Tanto lío para eso? - le dije a Jim.

- ¿Qué esperabas? Estás acá, te viniste persiguiendo una quimera. Estás en una isla que no es tuya, llegaste tarde. No sé dónde está.

- Bueno, eso casi no importa. ¿Dónde queda Gaena?

Jim se rió. Caminaba mirando el piso, casi en círculos. Yo lo miraba enojado, pero sin hacer nada al respecto.

- Te pensás que la vas a encontrar en Gaena - me contestó -. Te pensás que siquiera podés llegar a Gaena. Como si uno pudiera volver, como si uno pudiera hacer que las cosas y las personas retornen. Olvidate, aunque te dijera dónde queda Gaena, jamás llegarías. Ni ella debe poder llegar a Gaena ahora.

Tuve la sensación de que enunció esa imposibilidad con algo de satisfacción, somo si se tratara de una pequeña victoria suya. Lo odié.

- Ella siempre dijo que quería conocer Brujas, probablemente esté ahí - le dije.

Quería ver su expresión, provocarle algo, aunque sea una molestia. Se hacía el inmune, el que ya había pasado por todo, el maduro, el que tiene todo bajo control.

- Lo dudo. Ese es un lugar de refugio para mi, lo sabe. Te puedo asegurar que no irá a Bélgica, aunque sé que vas a ir. También te puedo decir que su plan es salir inmediatamente de Francia, si no es que ha salido ya.

Me dio bronca que tuviera razón en lo de Brujas, pues al retornar a Madrid al poco tiempo yo mismo me exilié allí.

- Y también te pensás que saliendo con cuanta muchacha conozcas te vas a liberar de ella, pero no es así. Serán relaciones como balas fallidas de venganza, pues de ninguna manera le harás nada a Jackie con eso. Son disparos que no la van a herir, afortunadamente.

- ¿Cómo es que estás tan sereno?

- La resignación se parece de a ratos a la serenidad.

- O sea que ella anda con otro tipo, y vos tranquilo... - dije con furia, intentando herirlo.

- Todo esto se inició por eso, la idea de que la otra persona está engañándote. Hay ideas que se aferran demasiado, sin más sustento que lo emocional.

Me miró y dijo:

- La peur de perdre quelqu'un est peut-être l'une des façons les plus courantes de perte de quelqu'un.

- Hey, no entiendo - le contesté.

- Creo que deberías retornar en la lancha. Llega en cinco, así que apurate.

El caos

martes, 2 de octubre de 2012

I
Un archivo de extensión .bat es un ejecutable de programación sencilla, su sintaxis es relativamente evidente.  Resultaba muy útil en la época del DOS 6.22, para acortar la ejecución de otros archivos .exe.

En un archivo .bat uno puede incluir una referencia para que la máquina se reinicie automáticamente. Solo hacen falta unas líneas de código. Y en tal caso, uno puede incluir ese archivo .bat en el inicio de la computadora, la misma entrará en un ciclo de reinicio continuo.

Como es de predecir, este tipo de "virus rústicos" son dañinos para el hardware.

Bueno, imaginen que ese archivo se extendió a todo el laboratorio de informática durante un fin de semana largo.

II
Entró tenso, con un aire ido. Me saludó así nomás, con un beso en la mejilla. ¿Desde cuando? Lo miré con cara de odio pero de mentiritas y ni me vio. Se fue directo para el cuarto a dejar las cosas, ensimismado.


Me contó vagamente un plan suyo que acababa de ejecutar:

"Está todo corriendo ahora, y el viernes a las diez pm, paf".

Le encanta pensar maquinarias, procesos, utilizar la relación causa-efecto. Porque dice que entonces todo parece como una maquinaria viva, algo que se mueve y hace cosas. Le pregunté por qué lo había hecho, pues no le veía sentido, sencillamente se estaba arriesgando a meterse en problemas.

"¿Y perderme esta oportunidad? No corazón, hay cosas que dije que tengo que hacer antes de morir".

Dice que las personas están demasiado acostumbradas a pensar rutinariamente, que a todos les cuesta lidiar con lo extra cotidiano. A veces pienso que se cree no sé, un iluminador. Otras, me doy cuenta que es solo su método de pelearse con otros.

"Soy un montajista", dice. Y le creo: le encanta montar historias, hacerlas carne. Esta quizás sea una de sus travesuras más impopulares. "Es mejor cuando seteás todo para que se dispare en un momento x, porque entonces da esa sensación de que está vivo y ya te excede".

III
Viví por la rambla unos ocho años con mi ex, Oscar, un gallego fornido que era muy tierno pero no se caracterizaba precisamente por su capacidad de escuchar. Él trabajaba en el metro, un buen sueldo. Nunca nos faltó nada.

Yo siempre gané bien con mis clientes de kinesiología, en su mayoría gente grande, de sesenta para arriba. Un viejito muy dulde me regalaba chocolates cada vez que iba. Oscar era tan celoso que le molestaba, pero como se trataba de un hombre grande se la aguantó.

No tuvimos hijos, no porque no hayamos querido sino porque nos costaba. Oscar en particular se estrasaba mucho con el trabajo, sobre todo estos últimos tiempos. Ni hablar cuando se quedó sin trabajo, él pasó a ser parte de los parados. Ya veníamos en crisis antes, alejados, pero creo que eso fue un factor determinante.

Le dije a mi hermana que para mi, él veía afectada su hombría, en que yo tuviera trabajo - aunque menos - y él no. No podía soportar la idea.

Desde hacía casi un año que no éramos los mismos. Nunca lo confirmé, pero diría que Oscar estaba en una aventura. Yo de insegura, o lo que quieran, jamás dije nada. Ahora que lo pienso, no dije nada porque temía perderlo, perder mi vida.

Luego, cuando me separé de Oscar, me vine a Madrid. Tarde seis meses en conocer la ciudad, porque no salía demasiado. Tuve que hacer nuevos clientes, eso me hacía moverme. Pero no salía por salir a ver la ciudad. Solo iba a la casa de la gente, llevaba mi mesa de trabajo, daba los masajes o el tratamiento indicado, y me iba de vuelta para casa.

Una vez Oscar me llamó desde Barcelona, me dijo Emma, volvamos. Me largué a llorar y corté. Supe que había conseguido trabajo en un restorán de camarero, pero sinceramente no podía volver.

Conocí a Jonathan en unas "jornadas de juegos" de su empresa, en la que me habían convocado para hacer una especie de taller corporal. Yo no hablaba demasiado con nadie, y de hecho cuando mi labor terminó me quedé en la barra, con algunos de los profesores que habíamos ido. No conocía en profundidad a ninguno, a mi me habían contactado por buenas referencias.

Jon me invitó un trago que no pagó, porque eran gratis. Yo estaba ahí desde las dos de la tarde, así que me quedé escuchándolo. Cuando me di cuenta de que él se estaba fijando en mi me reí por dentro. Cómo un muchacho de unos veintipico se va a fijar en una mujer de casi cuarenta.

Me sentí bien por primera vez en bastante tiempo.

IV
El olor a transformador quemado inundaba la sala. El jefe de tecnología insultaba a la nada y a todos. Debía sentirse un inútil, pues ninguna computadora andaba y por ende el no tenía nada que hacer, ni podía hurgar en los registros, ni nada de lo que a él le gusta hacer.

Pasé por ese sector, saludé con mi cara de alegre y estúpido. Era martes y todo me daba risa.

V
La primera vez que salimos me llevó a un lugar bonito, algo romanticón, con velas en la mesas y un tipo fornido en la puerta que se ocupaba de hacerse el malo a la entrada y que todo pareciera importante.

Charlamos de todo, de la vida, le conté de Oscar. Él me contó de cómo había aprendido a hacer masajes gracias a una ex. Le dije que me llamaba la atención eso. Se rió, me preguntó que si le sorprendía que supiera dar masajes o que tuviera una ex.

Hacía meses que no salía de noche. Más, años, que no estaba con otro hombre que no hubiera sido Oscar. Hacía tanto tiempo que no tomaba vino a la luz de las velas, que no me quedaba despierta fuera de casa hasta la madrugada, que no me reía con alguien que no conocía, que no me decían que era linda.

Me costaba un poco ponerme en situación, ser la mujer atractiva de la escena, la que él pretendía. Se ve que de a momentos él intentaba acercarse y yo no se lo permitía. Pero no fue a propósito, no me di cuenta en ese entonces.

Fue cuando empecé a soltar, a dejar de aferrarme a lo que me hubiera pasado antes. Porque las cosas no iban a permanecer como estaban porque yo hiciera esfuerzos sobrehumanos, y me callara la boca si me eran infiel y si no me querían. Y hay cosas que realmente hay que aceptarlas y seguir para adelante.

Ciclo

miércoles, 26 de septiembre de 2012

I
Es como un ciclo:

- ¿Vas a negar toda esa electricidad que nos pasa?

- ¿Qué electricidad? ¿De qué me hablás?

- De esto que tenemos acá, ahora. De este impulso que nos hace hervir la sangre a los dos, cuando vos me mirás y yo te miro, cuando nos esquivamos por los pasillos y vos luego me devolvés al otro día, como si nada, pero en un pequeño gesto de venganza me dejás ahí, sin siquiera saludarme.

- Estás loco.

- Loco. Más loco es el que pretende que nada sucede, el que ignora las cosas que le pasan en la narices. Esa sos vos.

- Por favor, me voy. Después hablamos cuando se te pase.

- Se me pase, como cuando te quedas frente a mi al saludarme sin casi poder hablar, mirándome con cara de tonta, elucubrando un par de vocablos inconexos. Te noto temblar, me doy cuenta.

- Vos estás con Emma. No me pongas en esta situación, creo que ya aclaramos lo que debíamos. Me parecés un pelotudo, mal tipo, ¿no tenés vergüenza?

- Es necio que no lo quieras ver. Y por más que te vayas caminando así a apresurada no vas a poder evitarlo. No podés hubir de vos misma. Ey, ¿me escuchás? Sé lo que estás sintiendo, sé que tenés esa tensión, esa corriente eléctrica que te recorre el cuerpo.

- Pelotudo...

- Alejate, seguí, paso a paso. Sé lo que sentís, nos pasa a los dos.

- ¡Adiós!